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Comentario de Texto: Mi suicidio, de Emilia Pardo Bazán

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Muerta «ella»; tendida, inerte, en el horrible ataúd de barnizada caoba que aún me parecía ver con sus doradas molduras de antipático brillo, ¿qué me restaba en el mundo ya? En ella cifraba yo mi luz, mi regocijo, mi ilusión, mi delicia toda..., y desaparecer así, de súbito, arrebatada en la flor de su juventud y de su seductora belleza, era tanto como decirme con melodiosa voz, la voz mágica, la voz que vibraba en mi interior produciendo acordes divinos: «Pues me amas, sígueme.»
¡Seguirla! Sí; era la única resolución digna de mi cariño, a la altura de mi dolor, y el remedio para el eterno abandono a que me condenaba la adorada criatura huyendo a lejanas regiones.

Seguirla, reunirme con ella, sorprenderla en la otra orilla del río fúnebre... y estrecharla delirante, exclamando: «Aquí estoy. ¿Creías que viviría sin ti? Mira cómo he sabido buscarte y encontrarte y evitar que de hoy más nos separe poder alguno de la tierra ni del cielo.»

......................................

Determinado a realizar mi propósito, quise verificarlo en aquel mismo aposento donde se deslizaron insensiblemente tantas horas de ventura, medidas por el suave ritmo de nuestros corazones... Al entrar olvidé la desgracia, y parecióme que «ella», viva y sonriente, acudía como otras veces a mi encuentro, levantando la cortina para verme más pronto, y dejando irradiar en sus pupilas la bienvenida, y en sus mejillas el arrebol de la felicidad.

Allí estaba el amplio sofá donde nos sentábamos tan juntos como si fuese estrechísimo; allí la chimenea hacia cuya llama tendía los piececitos, y a la cual yo, envidioso, los disputaba abrigándolos con mis manos, donde cabían holgadamente; allí la butaca donde se aislaba, en los cortos instantes de enfado pueril que duplicaban el precio de las reconciliaciones; allí la gorgona de irisado vidrio de Salviati, con las últimas flores, ya secas y pálidas, que su mano había dispuesto artísticamente para festejar mi presencia... Y allí, por último, como maravillosa resurrección del pasado, inmortalizando su adorable forma, ella, ella misma... es decir, su retrato, su gran retrato de cuerpo entero, obra maestra de célebre artista, que la representaba sentada, vistiendo uno de mis trajes preferidos, la sencilla y airosa funda de blanca seda que la envolvía en una nube de espuma. Y era su actitud familiar, y eran sus ojos verdes y lumínicos que me fascinaban, y era su boca entreabierta, como para exclamar, entre halago y represión, el «¡qué tarde vienes!» de la impaciencia cariñosa; y eran sus brazos redondos, que se ceñían a mi cuello como la ola al tronco del náufrago, y era, en suma, el fidelísimo trasunto de los rasgos y colores, al través de los cuales me había cautivado un alma; imagen encantadora que significaba para mí lo mejor de la existencia...

Allí, ante todo cuanto me hablaba de ella y me recordaba nuestra unión; allí, al pie del querido retrato, arrodillándome en el sofá, debía yo apretar el gatillo de la pistola inglesa de dos cañones -que lleva en su seno el remedio de todos los males y el pasaje para arribar al puerto donde «ella» me aguardaba...-. Así no se borraría de mis ojos ni un segundo su efigie: los cerraría mirándola, y volvería a abrirlos, viéndola no ya en pintura, sino en espíritu...

La tarde caía; y como deseaba contemplar a mi sabor el retrato, al apoyar en la sien el cañón de la pistola, encendí la lámpara y todas las bujías de los candelabros. Uno de tres brazos había sobre el secrétaire de palo de rosa con incrustaciones, y al acercar al pábilo el fósforo, se me ocurrió que allí dentro estarían mis cartas, mi retrato, los recuerdos de nuestra dilatada e íntima historia. Un vivaz deseo de releer aquellas páginas me impulsó a abrir el mueble.

Es de advertir que yo no poseía cartas de ella: las que recibía devolvíalas una vez leídas, por precaución, por respeto, por caballerosidad. Pensé que acaso ella no había tenido valor para destruirlas, y que de los cajoncitos del secrétaire volvería a alzarse su voz insinuante y adorada, repitiendo las dulces frases que no habían tenido tiempo de grabarse en mi memoria. No vacilé -¿vacila el que va a morir?- en descerrajar con violencia el primoroso mueblecillo. Saltó en astillas la cubierta y metí la mano febrilmente en los cajoncitos, revolviéndolos ansioso.

Sólo en uno había cartas. Los demás los llenaban cintas, joyas, dijecillos, abanicos y pañuelos perfumados. El paquete, envuelto en un trozo de rica seda brochada, lo tomé muy despacio, lo palpé como se palpa la cabeza del ser querido antes de depositar en ella un beso, y acercándome a la luz, me dispuse a leer. Era letra de ella: eran sus queridas cartas. Y mi corazón agradecía a la muerta el delicado refinamiento de haberlas guardado allí, como testimonio de su pasión, como codicilo en que me legaba su ternura.

Desaté, desdoblé, empecé a deletrear... Al pronto creía recordar las candentes frases, las apasionadas protestas y hasta las alusiones a detalles íntimos, de esos que sólo pueden conocer dos personas en el mundo. Sin embargo, a la segunda carilla un indefinible malestar, un terror vago, cruzaron por mi imaginación como cruza la bala por el aire antes de herir. Rechacé la idea; la maldije; pero volvió, volvió..., y volvió apoyada en los párrafos de la carilla tercera, donde ya hormigueaban rasgos y pormenores imposibles de referir a mi persona y a la historia de mi amor... A la cuarta carilla, ni sombra de duda pudo quedarme: la carta se había escrito a otro, y recordaba otros días, otras horas, otros sucesos, para mí desconocidos...

Repasé el resto del paquete; recorrí las cartas una por una, pues todavía la esperanza terca me convidaba a asirme de un clavo ardiendo... Quizá las demás cartas eran las mías, y sólo aquélla se había deslizado en el grupo, como aislado memento de una historia vieja y relegada al olvido... Pero al examinar los papeles, al descifrar, frotándome los ojos, un párrafo aquí y otro acullá, hube de convencerme: ninguna de las epístolas que contenía el paquete había sido dirigida a mí... Las que yo recibí y restituí con religiosidad, probablemente se encontraban incorporadas a la ceniza de la chimenea; y las que, como un tesoro, «ella» había conservado siempre, en el oculto rincón del secrétaire, en el aposento testigo de nuestra ventura..., señalaban, tan exactamente como la brújula señala al Norte, la dirección verdadera del corazón que yo juzgara orientado hacia el mío... ¡Más dolor, más infamia! De los terribles párrafos, de las páginas surcadas por rengloncitos de una letra que yo hubiese reconocido entre todas las del mundo, saqué en limpio que «tal vez».... al «mismo tiempo».... o «muy poco antes»... Y una voz irónica gritábame al oído: «¡Ahora sí.... ahora sí que debes suicidarte, desdichado!»

Lágrimas de rabia escaldaron mis pupilas; me coloqué, según había resuelto, frente al retrato; empuñé la pistola, alcé el cañón... y, apuntando fríamente, sin prisa, sin que me temblase el pulso.... con los dos tiros.... reventé los dos verdes y lumínicos ojos que me fascinaban

Ejercicios:

1. Describe en qué partes se divide este cuento>: introducción, desarrollo, desenlace, explicando, con tus palabras, qué elementos incluyen.

2. ¿Por qué es sorprendente el desenlace?

3. Describe el retrato de la amada muerta.

4. ¿Cuál es el tema del cuento? (en una o dos oraciones).

5. Busca en el diccionario el significado de estas palabras: inerte, caoba, acorde, fúnebre, delirante, aposento, irradiar, arrebol, holgadamente, gorgona, irisado, lumínicos, secrétaire, pábilo, descerrajar, febrilmente, dijes (dijecillos), codicilo, candentes, carilla, acullá, epístola.

6. ¿Has sufrido alguna vez una traición? Explica en 10-12 líneas.

7. Biobibliografía de Emilia Pardo Bazán.

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Resumen de los capítulos de lectura obligatoria de El Quijote de Cervantes

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07/01/2008 18:23 Autor: Gabriela Zayas De Lille #. Literatura Hay 1 comentario.

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25/10/2007 23:17 Autor: Gabriela Zayas De Lille #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

Análisis de algunos romances de lectura prescriptiva en Modalidad de Literatura

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Romance de la jura de Santa Gadea por Carlota Blanch


«En Santa Águeda de Burgos, do
juran los fijosdalgo»


En santa Águeda de Burgos, do juran los hijosdalgo,
le toman jura a Alfonso por la muerte de su hermano;
tomábasela el buen Cid, ese buen Cid castellano,
sobre un cerrojo de hierro y una ballesta de palo
y con unos evangelios y un crucifijo en la mano.
Las palabras son tan fuertes que al buen rey ponen espanto;
—Villanos te maten, Alonso, villanos, que no hidalgos,
de las Asturias de Oviedo, que no sean castellanos;
mátente con aguijadas, no con lanzas ni con dardos;
con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados;
abarcas traigan calzadas, que no zapatos con lazo;
capas traigan aguaderas, no de contray ni frisado;
con camisones de estopa, no de holanda ni labrados;
caballeros vengan en burras, que no en mulas ni en caballos;
frenos traigan de cordel, que no cueros fogueados.
Mátente por las aradas, que no en villas ni en poblado,
sáquente el corazón por el siniestro costado;
si no dijeres la verdad de lo que te fuere preguntando,
si fuiste, o consentiste en la muerte de tu hermano.
Las juras eran tan fuertes que el rey no las ha otorgado.
Allí habló un caballero que del rey es más privado:
—Haced la jura, buen rey, no tengáis de eso cuidado,
que nunca fue rey traidor, ni papa descomulgado.
Jurado había el rey que en tal nunca se ha hallado;
pero allí hablara el rey malamente y enojado:
—Muy mal me conjuras, Cid, Cid, muy mal me has conjurado,
mas hoy me tomas la jura, mañana me besarás la mano.
—Por besar mano de rey no me tengo por honrado,
porque la besó mi padre me tengo por afrentado.
—Vete de mis tierras, Cid, mal caballero probado,
y no vengas más a ellas dende este día en un año.
—Pláceme, dijo el buen Cid, pláceme, dijo, de grado,
por ser la primera cosa que mandas en tu reinado.
Tú me destierras por uno, yo me destierro por cuatro.
Ya se parte el buen Cid, sin al rey besar la mano,
con trescientos caballeros, todos eran hijosdalgo;
todos son hombres mancebos, ninguno no había cano;
todos llevan lanza en puño y el hierro acicalad,
y llevan sendas adargas con borlas de colorado.
Mas no le faltó al buen Cid adonde asentar su campo.

INTRODUCCIÓN

Es un romancero viejo, en concreto en el clasificado de romances juglarescos. Según la clasificación de romances, podemos decir que este es un romance de tema épico-nacional, ya que se inspira en personajes y hechos cantados ya por la poesía épica, es decir, el Cid.

También podríamos considerarlo como un poema de escena, ya que nos introduce en un momento concreto y, cuando termina este momento, termina también la composición.

Origen

La jura de Santa Gadea en Burgos, cuyo relato aparece prosificado en las crónicas del siglo XIII (la Primera crónica general y la Crónica particular del Cid), parece proceder de un cantar de gesta perdido del siglo XII, intermedio quizás entre el Cantar de Sancho II y el Cantar del Cid.

Las tres versiones conservadas del romance (la de un manuscrito antiguo, la del Cancionero de romances sin año y la del Cancionero de romances de 1550) son tres testimonios que nos sirven para ver y comprobar que de un cantar pueden surgir diferentes versiones del romancero viejo.

Las versiones modernas hacen referencia a la actitud despreciativa de don Rodrigo ante los lazos de vasallaje que heredó de su padre y del destierro al que lo condenaba Alfonso VI. Es decir, se centran en los diálogos entablados en el romance entre el Cid y el rey leonés.

El romance, a pesar de que no sabemos si se basa en un hecho histórico o no, nos deja en evidencia el problema de la autenticidad del hecho.

GLOSARIO DE TÉRMINOS

Contexto histórico

Rodrigo Díaz de Vivar, conocido mejor como El Cid (1043-1097), era un conocido militar español. Nacido en el seno de una pequeña familia de la nobleza castellana, es uno de los mitos más sobresalientes de la cultura hispana. El término ’Cid’ deriva de la trascripción del árabe sayyid, que significa amo o señor. Al servicio de Sancho II (1065-1072) desempeñó un papel fundamental. El Cid, conocido también con el sobrenombre de Campeador, contribuyó a resolver el conflicto fronterizo con Navarra al vencer en un duelo judicial a Jimeno Garcés. Contra Alfonso VI de León participó en diversas batallas y en el asedio de Zamora, donde murió asesinado su señor.

Aspectos biográficos del personaje

Tras la muerte de Sancho II, la Corona de Castilla pasó al monarca leonés Alfonso VI, sobre quien recaía la sospecha de haber participado en el asesinato del rey anterior. Por ello, Alfonso VI fue obligado a prestar un juramento expurgatorio en Santa Gadea de Burgos delante del Cid.

En ninguna de las versiones se consigue ver con claridad los documentos historiográficos en torno al juramento: el Cid histórico no sería una figura marginada por el rey Alfonso en el plano jurídico, sino todo lo contrario, contó con la simpatía del monarca. Sin embargo, como político y militar no le asignó Alfonso ningún puesto importante, ya que le costó olvidar los triunfos que ganó contra su hermano. El rey, entonces, tuvo que jurar para desmentir su intervención en la muerte de su hermano Sancho, y para jurar también responsabilizarse del reino que el Cid le entrega por orden del anterior monarca de Castilla.

Sentido literal

El tema de este romance es el juramento que le hace el Cid al rey Alfonso VI. También hay un subtema, que es la lealtad y la fidelidad que tiene con su amigo Sancho, ya que quiere descubrir quién lo ha matado y por qué. También encontramos el enfrentamiento entre el rey y el Cid y su propio destierro.

Vocabulario

Do: donde

Hijosdalgo: persona de sangre noble y distinguida que vivía de sus propiedades

Ballesta: arma que se usaba para lanzar flechas

Capuz: capucho (prenda puntiaguda para la cabeza) o vestimenta de luto larga y con capucha.

Tabardo

Estopa: Parte basta y gruesa de lino o de cáñamo

Aradas: Campos de labranza. Surcos en la tierra para sembrarla.

Cachicuernos: Mango de cuerno de una navaja.

Sancta: Santa

Dende: desde

Sáquente: sáquenle.

ESTRUCTURA Y COMPOSICIÓN

Sintaxis

La sintaxis es muy rudimentaria. Predominan las oraciones enunciativas, aunque también hay alguna subordinada causal (“...porque la besó mi padre...”), alguna coordinada adversativa (“...pero allí hablará el rey...”) y, finalmente, alguna coordinada copulativa (“...y no vuelvas más a ella...”).

Para dar más dinamismo al poema y también un poco más de tensión, se repite más de una construcción sintáctica. Por ejemplo “... las piernas salgan desnudas...”.

Métrica

El verso que utiliza el poeta a lo largo de todo el poema es de dieciséis sílabas. Éstas las podemos dividir en dos hemistiquios de ocho sílabas cada uno, separados por la llamada censura, que nos sirve para hacer una pausa sintáctica. Hay una rima regular, rimando en consonantes los pares (-oi) y en asonantes los impares (-ao).

Figuras retóricas

Hay algún encabalgamiento suave, por ejemplo en el verso “...el Cid al rey castellano. Las juras eran tan fuertes que al buen rey ponen espanto; sobre un cerrojo de hierro y una ballesta de palo...”

También podemos ver paralelismos, como en “...Vete de mis tierras, Cid, mal caballero probado y no vengas más a ellas dende este día en un año...”

Hay también anadiplosis, por ejemplo en la frase “...muy mal me conjuras, Cid, Cid muy mal me has conjurado...”

Solo vemos una antítesis temporal “… entre hoy y mañana...” y una anáfora “...y el hierro acicalado, y llevan sendas adargas...”

También hay unos cuantos arcaísmos, como Do (donde), Sancta (Santa), Dende (desde), Sáquente (saquenle).

Apreciamos, a veces, la toponimia (Sancta Gadea, Burgos, Asturias, Oviedo y Holanda).

Hay pocos adjetivos, pero la mayoría de ellos son usados con un epíteto (“...siniestro costado...”, “...malamente ennojado...”)

Estructura interna

En este poema podemos ver tres partes.

La primera va des del primer verso (“En Santa Águeda de Burgos...”) hasta “...en la muerte de tu hermano...”, del verso 38. Aquí nos sitúa geográficamente, es decir, nos cuenta donde está transcurriendo la acción. También es cuando el Cid hace jurar al rey utilizando un tono amenazante, describiendo a la vez la forma indigna y poco honrosa de la muerte del rey anterior. También, en la mayoría de estos versos, hace una comparación entre términos lujosos y términos pobres:

“mátente con aguijadas, no con lanzas ni con dardos;
con cuchillos cachicuernos, no con puñales dorados;
abarcas traigan calzadas, que no zapatos con lazo;
capas traigan aguaderas, no de contray ni frisado;
con camisones de estopa, no de holanda (bordats) ni labrados;”

La segunda parte va des del verso 39 (“... las juras eran tan fuertes...”) hasta el verso 68 (“...yo me destierro por cuatro...”). Aquí, el narrador-juglar, habla de lo duro que es el juramento, y tanto lo hace que el rey se enfada desterrando al Cid por un año. Éste, en vez de irse sin más, y con el objetivo de demostrar que no va a cumplir al pie de la letra sus órdenes y que le va a llevar la contraria, le dice que no se va solamente por un año, sino que por más tiempo.

La tercera parte va des del verso 39 (“...Ya se parte el buen Cid...”) hasta el verso 80 (“...adonde asentar su campo”). Momento en que vemos como Cid se va, cumpliendo su destierro, junto a todos sus vasallos fieles. Eso sí, sin haber besado la mano del rey, tal como éste le había dicho que el Cid haría. En el último verso nos dice claramente que el Cid, al marcharse de su tierra, no tuvo problema en ser acogido y aceptado por los de otro lugar (“Mas no le faltó al buen Cid adonde asentar su campo”.).

Estructura externa

Este romance es claramente un romance de carácter popular, hecho que podemos ver en el lenguaje utilizado por el juglar, haciendo mucho uso del estilo directo, cómo por ejemplo en “...villanos te maten, Alonso...”. El estilo de la primera parte es muy nominal, ya que muchas veces se suprime el verbo, cómo por ejemplo en “...no con puños dorados...”. En la segunda parte, además, se usa mucho el diálogo directo entre el rey y el Cid. Utiliza, también, los sustantivos con la intención de hacer más real el poema.

A lo largo de toda la composición podemos encontrar muchos campos semánticos.

El humano: rey hijosdalgo, padre, hombre, caballero, mancebo.

El de los nombres propios: Alonso y Cid.

El de los nombres comunes: cerrojo, hierro, lazo.

El de los nombres abstractos: el juramento, jura y muerte.

El de los instrumentos de la guerra: ballestas, dardos, puñales, estoque.

El de la vestimenta: calzada, zapatos, camisones, capas, calzado.

El de los animales: burras, caballos y mulas.

El de los instrumentos de los animales: frenos, cordel, cuero.

Hay pocos adjetivos, algunos que hacen alusión a la persona (honrado, afrentado, privado) y otros a objetos (hierro acicalado y borlas de colorado).

Se utilizan también pronombres personales con la intención de personalizar al poeta, hecho que nos hace pensar que el poema puede haber sido escrito por el mismo Cid o alguien cercano a él.

Aunque predomine el tiempo presente (Jura, toma, mate, sean...) podemos ver también la presencia de otras formas verbales, cómo el imperfecto del modo indicativo (era, había...) y del modo subjuntivo (fuera, hablara...), el pretérito perfecto simple (alló, besó...), el futuro (será, besará...) y el infinitivo (besar).

OPINIÓN PERSONAL

Pienso que hacer un romance así requiere mucho tiempo y esfuerzo. Así que, en consecuencia, también requiere tiempo y esfuerzo analizarlo. Creo que sin la ayuda de información extra no hubiera sabido hacerlo, pero gracias a haberla encontrado he podido comprenderlo bien. Al leerlo por primera vez, como primera impresión, no me gustó mucho, la verdad, pero después de haberlo leído a fondo, sabiendo el contexto histórico y conociendo a fondo los personajes, me gustó un poco más. El hecho de que no esté en nuestra lengua actual también dificulta su lectura pero, a la vez, le da algo especial, una sensación de viajar atrás en el tiempo que no tendríamos si no fuese por el uso de este lenguaje.


Abénamar, Abenámar, Por Laura Menéndez

ROMANCE DE ABENÁMAR: «Abenámar, Abenámar, moro de la morería»

— ¡Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!
Estaba la mar en calma,
la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace
no debe decir mentira.
Allí respondiera el moro,
bien oiréis lo que diría:
—Yo te lo diré, señor,
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho
mi madre me lo decía
que mentira no dijese,
que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey,
que la verdad te diría.
—Yo te agradezco, Abenámar,
aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?
¡Altos son y relucían!
—El Alhambra era, señor,
y la otra la mezquita,
los otros los Alixares,
labrados a maravilla.
El moro que los labraba
cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra,
otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,
huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,
castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada,
contigo me casaría;
daréte en arras y dote
a Córdoba y a Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan,
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene
muy grande bien me quería.

COMENTARIO DE TEXTO


Introducción


§ Localización

Los Romances son poemas cantados, tradicionales, anónimos y más bien populares, que se transmitían oralmente de pueblo en pueblo, incluyendo en ellos una amplia variedad temática. Circulaban en hojas de pliego, "ciegos", y no fueron recopilados hasta finales del siglo XIX. Solían ser anónimos.

El Romance de Abenámar es una de las composiciones más destacadas del Romancero Viejo, un conjunto de poemas anónimos elaborados durante los siglos XIV y XV donde tanto podemos hallar la poesía épica (para Meléndez Pidal, los romances tienen su origen en la fragmentación de la épica) como la lírica tradicional, con la que comparte muchos rasgos de estilo. Se trata de un romance fronterizo (romances históricos que hablan de los hombres de la frontera, especialmente de la frontera granadina, donde son contados los sucesos entre moros y cristianos) y de escena, puesto que te introduce en un hecho, ya sea metafórico o real, sin desenlace, sin continuación.

No obstante, existe de este romance una versión más larga en la que se describen más hechos no descritos en esta versión trunca y la que sí contiene un desenlace determinado. (También existe una versión sefardí y otras)

Como hemos explicado, el Romance de Abenámar es un romance fronterizo, histórico; a pesar de eso, destaca por su calidad y su fuerza poética. Son justamente estos elementos dramáticos y líricos los que alejan al Romancero del estilo de la épica y dotan a romances como éste de una innegable fuerza expresiva.


§ Situación

El romance se sitúa en la época del reinado de Juan II de España, antes de la llegada de los Reyes Católicos, concretamente en la ciudad de Granada. Se trata de los tiempos en que los musulmanes estuvieron viviendo en la Península Ibérica y tuvieron que convivir cristianos y musulmanes en un mismo territorio. Parece ser que se refiere concretamente al año 1431, cuando un tal príncipe árabe llamado Abenalmao ofreció sus servicios al rey Juan II para obtener, una vez conquistada por los cristianos, el gobierno de Granada. No obstante, no está demostrado que el romance nos hable exactamente de este episodio histórico.


Contenido

El romance nos habla sobre el deseo del rey Juan II de España de incorporar Granada a su reino. Este deseo nos es mostrado a través de dos diálogos del rey con el moro Abenámar y del rey con la ciudad de Granada respectivamente. Granada aparece personificada y convertida metafóricamente en una mujer. En el primer diálogo, el rey quiere conocer las riquezas de la ciudad admirada, y para eso invita a Abenámar a decirle la verdad. Apela para ello a su naturaleza virtuosa, resultado de las circunstancias favorables que rodearon su nacimiento (el mar en calma, luna llena…). Éste le responde con una descripción continuada de las mayores grandezas de Granada. Le habla de la Alambra (Alhambra), de la mezquita, de los Alixares…y lo hace atribuyendo una armónica y admirable belleza a cada una de ellas. Ya en este primer diálogo podemos entrever el gran interés del rey por la ciudad de Granada; pero este interés se verá sobre todo al final del poema, puesto que se manifiesta de manera ascendiente: cada vez se hace más fuerte y expresivo su deseo. Por ejemplo, en la segunda intervención del rey, la pregunta seguida de exclamación sobre los castillos de Granada nos delata ya su admiración y su ambición por poseer la ciudad:


¿Qué castillos son aquéllos?
¡Altos son y relucían!

En el segundo diálogo, el rey le propone a Granada que se "case" con él, ya sea en el sentido literal de boda entre hombre y mujer, como en el sentido metafórico entre el reino de España y la ciudad: quiere que se incorpore a su reinado. La Granada-mujer no rechaza al rey don Juan, ni tampoco acepta la propuesta. Tan solo (sólo) deja dicho que ya está casada con un rey árabe, aunque no dice que ella lo quiera: solo constata el gran amor que él siente por ella. De esta manera queda implícita cierta incitación al rey Juan a probar su valor como amante, a demostrar con hechos que la fuerza de su pasión puede superar el amor del árabe que la tiene. Además, al final del texto, podemos sentir como esta vaga incitación enciende aún más el deseo del rey.


-Casada soy, rey don Juan,
Casada soy, que no viuda;
El moro que a mí me tiene
Muy grande bien me quería.


Estructura

El romance se inicia in media res, un comienzo muy habitual en el romancero, que consiste en empezar a contar los hechos por la mitad de la historia. Decimos que se inicia de esta manera porqué no se nos es (porque no nos es) presentada una introducción que presente a los acontecimientos previamente: quienes (quiénes) son los personajes, en que (qué) momento de la historia nos encontramos, cuales (cuáles) son los hechos que han sucedido anteriormente, etcétera. No hay, entonces, una previa situación en el tiempo y en el espacio. Ésta es una tarea que debe ser ejercida por el oyente o el lector.

El Romance de Abenámar tampoco presenta un desenlace: es una historia abierta, sin continuación definida.

Podríamos decir que el romance presenta solamente la parte intermedia de una narración: el nudo o el desarrollo de los hechos.

Dadas éstas circunstancias, no nos es difícil afirmar que este poema es, claramente, un romance-escena, y no una narración.
Des del (desde el )punto de vista del contenido, podemos dividir el romance en dos partes, que corresponden a los dos diálogos que sostiene el rey. La primera parte consiste en el diálogo entre el rey y Abenámar y coincide con los versos 1-36 del poema. Así mismo, esta parte también consta de dos momentos diferenciados: la cortés exhortación del rey a Abenámar a responder a su pregunta con veracidad, cosa que el moro promete cumplir (tal como afirma en los versos 11-20), y la pregunta del rey respeto a la belleza de la ciudad, pregunta que el moro responde con gran descripción y exaltación. La pregunta del rey ya empieza a manifestar su deseo de poseer la ciudad, que sentimos crecer conforme avanza la espléndida descripción de Abenámar. Esta primera parte constituye un diálogo perfectamente posible i (y) real. (Es importante señalar que el moro es digno, puesto que esto otorga dignidad al enemigo, como se hace en los poemas de Roncesvalles u otros romances en las que los moros son merecedores de respeto, aunque en una de las variantes del poema existe un verso que dice: "hijo eres de un moro perro/ y de una cristiana cautiva").

La segunda parte, en cambio, consiste en un diálogo fantástico y de gran fuerza poética entre el rey y la ciudad de Granada, convertida metafóricamente en una mujer. La expresión del deseo del rey alcanza aquí su máxima intensidad al equipararse con una pasión amorosa; y entendemos que la respuesta ambigua de Granada (como la descripción de Abenámar) no hará sino enardecer ese deseo. De esta manera podemos decir que el poema posee una organización ascendente: a mesura que avanza va creciendo la emoción, el deseo y los sentimientos. En el caso de esta versión trunca, este deseo alcanza su mayor intensidad justo cuando se cierra el texto; en la versión larga, menos expresiva y con un desenlace añadido, no se hace tan patente esta gradación.

Para dar pie a cada una de estas partes el narrador utiliza la fórmula de introducción al diálogo de origen épico con la que anuncia la siguiente intervención y se dirige a los oyentes:

Allí respondiera el moro,
Bien oiréis lo que diría:
[…]

Allí habló el rey don Juan
Bien oiréis lo que decía:
[…]


Glosario de términos


§ Abenámar y Granada: nombres que nos remiten a la tradición musulmana (introducción al tema morisco-fronterizo).

§ Moro, morería: otros términos que nos introducen dentro del espacio y el tiempo de la acción.

§ Alambra, mezquita, Alixares, Generalife, Torres Bermejas: edificios artísticos de la ciudad granadina que nos remiten al arte musulmán (situación).

§ Señor: signo de vasallaje, de inferioridad respeto a un superior: el rey.

§ Luna crecida: luna llena.

§ Arras: bienes.

§ Doblas: moneda antigua castellana.


Métrica y figuras retóricas

El texto sigue el esquema métrico propio de los romances. Se compone de 56 versos octosílabos con rima asonante en los pares (pese al uso de imperfectos en posición de rima, que crea diversas consonancias) aunque, considerando la teoría sobre el origen épico de la versificación de los romances, deberíamos describir la estructura métrica como una composición de 23 versos hexadecasílabos monorrimos, divididos en dos hemistiquios de ocho sílabas.


Figuras retóricas

Reduplicación del vocativo ¡Abenámar, Abenámar! ; reiteración característica de muchos romances)

Repetición formularia

-dárete en arras y dote
A Córdoba y a Sevilla


Repeticiones sinonímicas

Casada soy que no viuda


Repeticiones literales

Casada soy rey don Juan
Casada soy que no soy viuda


Repeticiones (características del estilo del Romancero) como:
-Yo te la diré, señor
Aunque me cueste la vida,
………………………………………………..
Por tanto, pregunta, rey,
Que la verdad te diría.


Derivaciones descriptivas

Moro de la morería


Señales (exclamación de esas señales extraordinarias)

El día que tú naciste
Grandes señales había

Que son símbolos (mar en calma y luna crecida simbolizan favorables condiciones) y que se organizan en dos versos de estructura similar:

Estaba la mar en calma
La luna estaba crecida
Hipérbaton:
¡Altos son y relucían!


El hipérbaton que antepone al atributo "alto" destaca el poder de la ciudad, y el verbo "relucir" su belleza.
También se haya otros hiperbatones:

Allí respondiera el moro
Bien oiréis lo que diría
……………………………………………..
Que mentira no dijese


Libertad en el uso de los verbos

Por tanto, pregunta, rey
Que la verdad te diría


En vez de "te diré"

¡Altos son y relucían!


En vez de "relucen"


Oscilación entre el presente y el imperfecto:

¡Altos son – y relucían!

Que envuelve a los castillos en una atmósfera irreal entre el ahora de la narración y un pasado mítico.


Hipérbole

Cien doblas ganaba al día

(Cantidad muy exagerada)


Personificaciones

Si tú quisieses, Granada,
Contigo me casaría

Gradación: organización ascendente del deseo del rey a medida que van avanzando los diálogos, con una máxima intensidad al final del poema.

Anáforas ("que")

Uso de la enumeración (en la descripción de Granada – y de anáforas):

-El Alambra____
Y la otra la mezquita,
Los otros los Alixares,
_______________.

……………………………………………

El otro ___Generalife,

El otro Torres Bermejas
____________ .


Aposiciones descriptivas (de carácter formulario que, en un solo verso, destacan su valor y su belleza):

Labradas a maravilla

Huerta que par no tenía

Castillo de gran valía.


Metáfora:

v Transposición metafórica ? (al final del poema, conversación entre Granada y el rey) del plano de la guerra al plano del amor: la ciudad a conquistar se convierte en la mujer amada, el rey en amante, la guerra en conquista amorosa… la ambición política del rey se convierte en pasión amorosa.

v Sistema metafórico ? "casada soy = gobernada"; casarse con el rey significa asimismo ser gobernada y conquistada por el rey (dos significados de Granada: amor y política).


Comentario literal y metafórico

El sentido literal es la historia de un rey que quiere incorporar una ciudad a su reino y que a su vez, trata de cortejar a una dama; el sentido metafórico es el deseo, la pasión, la ambición y los intereses, así como el amor o la exaltación de la belleza. También abunda el valor de la cortesía y la elegancia.


Valoración

El romance está dotado de un cierto lirismo que llena de expresividad una escena que contada de otro modo carecería de brillantez y sensibilidad, y este es uno de los aspectos que más me ha impresionado del poema. El tono ascendiente en que se expresa el deseo del rey, la admiración y el equilibrio con el que Abenámar describe Granada, la breve y misteriosa contestación de ciudad y mujer, que nos abre camino al suspenso y a la imaginación… todo esto me ha conmovido. Ahora, una vez terminado el comentario, me pregunto sobre la verdadera y completa historia de este episodio y sobre los sentimientos que todos ellos, los tres (cuatro) personajes, sufren y sienten en el más profundo de los corazones. Realmente, sería bonito poder escuchar aún en estos tiempos poemas como estos, cantados y sentidos por seres humanos.


En París está doña Alda, por Adriana Gámez

En París está doña Alda,
la esposa de don Roldán:

En París está doña Alda,
la esposa de don Roldán,
trescientas damas con ella
para la acompañar:
todas visten un vestido,
todas calzan un calzar,
todas comen a una mesa,
todas comían de un pan,
si no era doña Alda,
que era la mayoral;
las ciento hilaban oro,
las ciento tejen cendal,
las ciento tañen instrumentos
para doña Alda holgar.
Al son de los instrumentos
doña Alda dormido se ha;
ensoñado había un sueño,
un sueño de gran pesar.
Recordó despavorida
y con un pavor muy grande;
los gritos daba tan grandes
que se oían en la ciudad.
Allí hablaron sus doncellas,
bien oiréis lo que dirán:
—¿Qué es aquesto, mi señora?
¿Quién es el que os hizo mal?
—Un sueño soñé, doncellas,
que me ha dado gran pesar:
que me veía en un monte
en un desierto lugar:
do so los montes muy altos
un azor vide volar,
tras dél viene una aguililla
que lo ahínca muy mal.
El azor, con grande cuita,
metióse so mi brial,
el aguililla, con gran ira,
de allí lo iba a sacar;
con las uñas lo despluma,
con el pico lo deshace.
Allí habló su camarera,
bien oiréis lo que dirá:
—Aquese sueño, señora,
bien os lo entiendo soltar:
el azor es vuestro esposo
que viene de allén la mar,
el águila sedes vos,
con la cual ha de casar,
y aquel monte es la iglesia,
donde os han de velar.
—Si así es, mi camarera,
bien te lo entiendo pagar.
Otro día de mañana
cartas de fuera le traen:
tintas venían por dentro,
de fuera escritas con sangre,
que su Roldán era muerto
en caza de Roncesvalles.

1)

· Se trata de un romance carolingio. Es un romance épico (o heroico); proviene de la épica francesa (gesta de Roncesvalles), de tipología sobre materia de Francia. Así, se basa en hechos históricos y legendarios con esa particularidad, que los personajes no son castellanos sino franceses. Pertenece al romancero viejo, y era de transmisión oral. Se conocía ya en los siglos XVI y XVII.
· La única versión antigua del romance es la del "Cancionero de romances" (1550). Así, se recogió entonces, ya que de antes no data ningún documento. En la tradición oral moderna sólo se ha conservado entre los sefardíes de Oriente y de Marruecos; podemos saber que lo cantan sólo los sefardíes como Alicia Bendayán, de quién se conoce una versión musicada. Otra versión junta el romance de El cautiverio de Guarinos y el Sueño de doña Alda.

[…]
Y en París tengo a doña Alda,
mi esposita naturale.
Las cien damas son con ella,
todas de alto y buen linaje, las cien bordaban en seda,
las cien bordaban sedale,
las cien tocaban vigüela
para doña Alda folgare.
-y un sueño soñé, mis dueñas,
ay, que sueño tan espantable!
toda la que me lo aclare
buen marido la he de dare,
y las que no lo sabían,
que se aparten a un lugare.
-Todas dicen a una boca:
-Bien se haga y se os hagare!
-Por aquí’ cijal de arriba
negra garza vide entrare:
en su pico trae plumas,
en su cuerpo trae sangre.
-La garza, la mi señora,
es vuestra suegra reale, las plumas...
la gente que con el trae:
vendrá Rondal de la guerra
y contigo se ha de casare.
Ellos en estas palabras
un paje a la puerta bate.
-¿Qué noticias traes, paje,
oh, qué noticias me traes?
-La noticia que te traigo
no te la quisiera dare:
que a las primeras batallas
mataran a don Rondale.
Como eso oyó doña Alda
muerta quedó en su lugare.

En esta última versión nombrada, por ejemplo (incluyo solo la parte del Sueño de doña Alda ), se relata el sueño premonitor de doña Alda, su favorable pero errónea interpretación, y la muerte de Roldán y inmediata (o consecuente) muerte de su esposa al saber las tristes nuevas.


2)

Para empezar, nos fijaremos en los personajes:

· Doña Alda: es la protagonista del sueño, la premonitora. Queda clara la importancia dada al personaje femenino, o al menos, el interés en enfocarlo como figura central, aunque siempre ligada al personaje masculino, don Roldán.
· Don Roldán: se trata del amado, que está en Roncesvalles, donde encontrará la muerte.
[Históricamente, Roldán (también llamado Rolando y Orlando) fue el Prefecto de la Marca de Bretaña, comandante de los francos al servicio de Carlomagno que fue muerto en la Batalla de Roncesvalles por los vascos el 15 de agosto de 778 d.C. La leyenda ha bordado su historia en el relato épico del noble cristiano muerto por fuerzas islámicas, que forma parte de la temática de la Francia medieval].
· Damas (de Doña Alda): son las acompañantes de la señora, que durante la ausencia de Roldán le hacían compañía y le prestaban sus servicios.
· Camarera (de Doña Alda): será la que interpreta el sueño que tiene doña Alda, su sirvienta.
· Roncesvalles: es un tema altamente relacionado con el romance de Doña Alda, ya que el sueño gira entorno a su amado Roldán, que está en la caza de Roncesvalles. Roncesvalles ha sido el lugar de muchas leyendas e historias, de actos heroicos, guerras y batallas durante toda la Edad Media.
[Roncesvalles fue escenario sublime de leyendas y fantasías de cuantos entraron y partieron por sus puertos. Los montes formaron parte primordial de ese ámbito; también las hondonadas de barrancos y valles. Dos de esas cumbres -Astobizcar y Orzanzurieta, las más elevadas del Pirineo occidental- entraron en la admiración, en la exaltación, en el confusionismo, y naturalmente en lo legendario].
· París: es el nombre que nos sitúa geográficamente en Francia, cuando hace alusión a París, la capital francesa. Así, este acto nos permite conocer el espacio del que se habla en el tema.

VOCABULARIO (castellano antiguo):

· Aquesto: esto, pronombre.
·Aquese: aquel, determinante demostrativo
(aquel sueño, señora).
· Allén: allí
(vine de allí, la mar).
· (tras) dél: unión de la preposición "de" y el pronombre posesivo "él".
· Aparecen muchas aliteraciones (ALITERACIÓN: alteración del orden de las palabras). Es típico en este castellano antiguo.
- […] doña Alda dormido se ha.
- […] metióse so mi brial.
- […] para doña Alda holgar.

SIMBOLOGÍA:

El romance se basa en el sueño que tiene doña Alda, y que interpretará su camarera. Aparecen diversos elementos típicos, con una simbología específica:
- Azor: aparece como símbolo del amado, representa a su querido Don Roldán, que está en Roncesvalles.
- Águila: según la camarera, el águila es ella misma, doña Alda, con quien Roldán se tiene que casar.
- Montes altos: Representan la Iglesia, dónde les han de velar.
En el sueño, ella ve la muerte de su esposo. Esta águila despluma a don Roldán, lo deshace.
Al cabo de unos días, le mandarían una carta a doña Alda, con la propia sangre de don Roldán, que su esposo había muerto.


3)

3.1 ASPECTO.

a) En el aspecto literal, es bastan claro: Doña Alda, esposa de don Roldán, espera a que vuelva su querido acompañada por su séquito de damas. Tiene un sueño en el que se halla en un monte solitario. Aparece un azor perseguido por un águila. El azor busca protección bajo las faldas de doña Alda, pero es cogido por el águila y destrozado. Una de sus camareras le explica el significado: se trataba de un sueño premonitorio porque don Roldán había muerto en la gesta de Roncesvalles.
b) En el sentido metafórico tenemos el sueño de doña Alda como elemento maravilloso ausente en los romances épicos (el sueño como mal augurio, augurio fúnebre que se hace realidad con la carta de sangre que recibe de su amado. Encontramos el simbolismo en el azor y el águila). En los primeros versos se desarrolla la temática de la " chanson de femme", describe a las damas dispuestas en filas atendiendo a los oficios que hacían. La gesta de Roncesvalles ya había sido recogida en la "Chanson de Roland", con la variante de que doña Alda no está acompañada de mujeres, sino de caballeros. En el "Ronsasvels" ya aparece con mujeres. La canción de mujer está desarrollada en los romances.

3. 2 Hay una estructura en el romance:

· Hay las tres partes típicas de la estructura:
- En la introducción conocemos a doña Alda y su séquito de damas, sus funciones y sus actos. Vemos como las damas le tocan una canción y Alda se duerme.
En París está doña Alda,
la esposa de don Roldán,
trescientas damas con ella
para la acompañar:
todas visten un vestido,
todas calzan un calzar,
todas comen a una mesa,
todas comían de un pan,
si no era doña Alda,
que era la mayoral;
las ciento hilaban oro,
las ciento tejen cendal,
las ciento tañen instrumentos
para doña Alda holgar.
Al son de los instrumentos
doña Alda dormido se ha;
ensoñado había un sueño,
un sueño de gran pesar.

- La parte del nudo es el sueño, cuando sueña con el azor y el águila, y cómo ésta mata al azor. La camarera le interpreta el sueño, y le dice que ese sueño es un mal augurio, que quiere significar que don Roldán ha muerto en la batalla de Roncesvalles.
Recordó despavorida
y con un pavor muy grande;
los gritos daba tan grandes
que se oían en la ciudad.
Allí hablaron sus doncellas,
bien oiréis lo que dirán:
—¿Qué es aquesto, mi señora?
¿quién es el que os hizo mal?
—Un sueño soñé, doncellas,
que me ha dado gran pesar:
que me veía en un monte
en un desierto lugar:
do so los montes muy altos
un azor vide volar,
tras dél viene una aguililla
que lo ahínca muy mal.
El azor, con grande cuita,
metióse so mi brial,
el aguililla, con gran ira,
de allí lo iba a sacar;
con las uñas lo despluma,
con el pico lo deshace.
Allí habló su camarera,
bien oiréis lo que dirá:
—Aquese sueño, señora,
bien os lo entiendo soltar:
el azor es vuestro esposo
que viene de allén la mar,
el águila sedes vos,
con la cual ha de casar,
y aquel monte es la iglesia,
donde os han de velar.
—Si así es, mi camarera,
bien te lo entiendo pagar.

- El desenlace se produce cuando doña Alda recibe una carta sangrienta de don Roldán, y se confirma su muerte.
Otro día de mañana
cartas de fuera le traen:
tintas venían por dentro,
de fuera escritas con sangre,
que su Roldán era muerto
en caza de Roncesvalles.

- La conclusión que se puede sacar de todo esto es que el sueño de doña Alda fue un mal augurio, que antes de recibir la carta ya sabía que estaba muerto.
· Aparecen elementos simbólicos que ya hemos nombrado antes, como el azor y el águila, por ejemplo; también aparece un nombre geográfico que nos sitúa, París; se desarrolla también la " chanson de femme", una imagen que describe a las damas dispuestas en filas atendiendo a los oficios que hacían. También hace referencia a la gesta de Roncesvalles, ya que sale la figura de Roldán, comandante de los francos al servicio de Carlomagno, gesta que ya había sido recogida en " Chanson de Roland".

3.3 Métrica y figuras retóricas.

· Encontramos muchas sinestesias.
En/ Pa/rís /es/tá /do/ña /Al/da, (9) -a
la_es/po/sa/de/don/Rol/dán, (7+1) -a
tres/cien/tas/da/mas/con/e/lla (8) -a
pa/ra/la/a/com/pa/ñar: (7+1) -a
to/das/vis/ten/un/ves/ti/do, (8)
to/das/cal/zan/un/cal/zar, (7+1) -a
to/das/co/men/a_u/na/me/sa, (8)
to/das/co/mí/an/de_un/pan, (7+1) -a
si no era doña Alda, (8)
que era la mayoral; (7+1) -a
las ciento hilaban oro), (8)
las ciento tejen cendal, (7+1) -a
las ciento tañen instrumentos (9)
para doña Alda holgar. (7+1) -a
Al son de los instrumentos (8)
doña Alda dormido se ha; -a
ensoñado había un sueño, (8)
un sueño de gran pesar. (7+1) -a
Recordó despavorida (8) -a
y con un pavor muy grande; (8) -e
los gritos daba tan grandes (8) -e
que se oían en la ciudad. (8+1) -a
Allí hablaron sus doncellas, (8) -a
bien oiréis lo que dirán: (7+1) -a
—¿Qué es aquesto, mi señora? (8)
¿quién es el que os hizo mal? (7+1)
—Un sueño soñé, doncellas, (8)
que me ha dado gran pesar: (7+1)
que me veía en un monte (8)
en un desierto lugar: (7+1)
do so los montes muy altos (8)
un azor vide volar, (7+1)
tras dél viene una aguililla (8)
que lo ahínca muy mal. (7+1)
El azor, con grande cuita, (8)
metióse so mi brial, (7+1)
el aguililla, con gran ira, (9)
de allí lo iba a sacar; (7+1)
con las uñas lo despluma, (8)
con el pico lo deshace. (8)
Allí habló su camarera, (8)
bien oiréis lo que dirá: (7+1)
—Aquese sueño, señora, (8) libre
bien os lo entiendo soltar: (7+1) -ar
el azor es vuestro esposo (8) libre
que viene de allén la mar, (7+1) -ar
el águila sedes vos, (7+1) libre
con la cual ha de casar, (7+1) -ar
y aquel monte es la iglesia, (8) libre
donde os han de velar. (7+1) -ar
—Si así es, mi camarera, (8) libre
bien te lo entiendo pagar. (7+1) -ar
Otro día de mañana (8) libre
cartas de fuera le traen: (8) -e
tintas venían por dentro, (8) -o
de fuera escritas con sangre, (8) -e
que su Roldán era muerto (8) -o
en caza de Roncesvalles. (8) -e

Generalmente son versos octosílabos, combinados con versos de nueve sílabas.
La rima es asonante. En la parte del diálogo, encontramos rima de –ar combinado con versos libres. La mayoría de rima, por eso, es en –a. También podemos destacar la parte del desenlace, igual rima asonante, pero combinando –e y –o.

· Nos encontramos muchas aliteraciones y paralelismos. También está esta gran metáfora del sueño, y el águila i el azor.


4)

Personalmente me ha gustado el romance, creo que es bello, y el contraste de romance épico por un lado y amoroso por otro, creo que está bien conseguido.
El tema es interesante, y tiene relación con uno de los grandes héroes de la Edad Media, Don Roldán y la batalla de Roncesvalles.
La metáfora del sueño es como una pesadilla, que se hace realidad. Esto me transmite un sentimiento de magia y misterio, como de fuerzas superiores, como si entre ellos hubiera un gran hilo indestructible de amor o de algo que difícilmente se pueda romper, una relación muy fuerte. Ya he dicho, un poco de magia.
También me gusta la imagen que se me ha creado de la visión de doña Alda y sus trescientas damas (sí, aquí se te ha pasado resaltar la hipérbole) , todas en fila como un ejército, prestando cualquier servicio necesario, pero también aconsejándola y manteniendo una relación algo más que "amo – sirviente" (en el momento en que la camarera de la señora le interpreta el sueño, por ejemplo).
Trabajar la métrica me ha costado un poco, quizás porque hacía más tiempo que me pasaba desapercibida, pero es parte del trabajo que se debe hacer, y así de paso refrescar la memoria.

En conclusión, creo que es un trabajo muy interesante, analizar textos que tienen más de 500 años, y que en su día se interpretaban por las calles.
Cierto es que me ha costado encontrar información sobre doña Alda y este romance, por lo contrario de Roldán había mucho.


Romance del llanto de Gonzalo Gustios, Por Haizea García Mata

Pártese el moro Alicante víspera de Sant Cebrián;

ocho cabezas llevaba, todas de hombres de alta sangre.

Sábelo el rey Almanzor, a recebírselo sale;

aunque perdió muchos moros, piensa en esto bien ganar.

Manda hacer un tablado para mejor las mirar,

mandó traer un cristiano que estaba en captividad.

Como ante sí lo trujeron empezóle de hablar,

díjole: -Gonzalo Gustos, mira quién conocerás;

que lidiaron mis poderes en el campo de Almenar:

sacaron ocho cabezas, todas son de gran linaje.

Respondió Gonzalo Gustos: -Presto os diré la verdad."

Y limpiándoles la sangre, asaz se fuera a turbar;

dijo llorando agramente: -¡Conóscolas por mi mal!

la una es de mi carillo, ¡las otras me duelen más!

de los Infantes de Lara son, mis hijos naturales.

Así razona con ellos como si vivos hablasen:

-¡Dios os salve, el mi compadre, el mi amigo leal!,

¿Adónde son los mis hijos que yo os quise encomendar?

Muerto sois como buen hombre, como hombre de fiar.

Tomara otra cabeza del hijo mayor de edad:

-Sálveos Dios, Diego González, hombre de muy gran bondad,

del conde Femán González alférez el principal:

a vos amaba yo mucho, que me habíades de heredar.

Alimpiándola con lágrimas volviérala a su lugar,

y toma la del segundo, Martín Gómez que llamaban:

-Dios os perdone, el mi hijo, hijo que mucho preciaba;

jugador era de tablas el mejor de toda España,

mesurado caballero, muy buen hablador en plaza.

Y dejándola llorando, la del tercero tomaba:

-Hijo Suero Gustos, todo el mundo os estimaba;

el rey os tuviera en mucho, sólo para la su caza:

gran caballero esforzado, muy buen bracero a ventaja.

¡Ruy Gómez vuestro tío estas bodas ordenara!

Y tomando la del cuarto, lasamente la miraba:

-¡Oh hijo Fernán González, (nombre del mejor de España,

del buen conde de Castilla, aquel que vos baptizara)

matador de puerco espín, amigo de gran compaña!

nunca con gente de poco os vieran en alianza.

Tomó la de Ruy Gómez, de corazón la abrazaba:

-¡Hijo mío, hijo mío! ¿quién como vos se hallara



















1) Breve introducción sobre los romances.

Los romances son poemas característicos de la tradición oral, anónimos y de gran variedad temática. Se popularizan en el siglo XV, al ser recogidos por escrito por primera vez. Fueron los mismos trovadores quienes reunieron todos sus poemas en los llamados “pliegos de ciego”, para así venderlos al pueblo y dejar inconscientemente la constancia eterna de la existencia de aquel lirismo el origen del cual parecía hallarse en los cantares de gesta.

Más tarde, hacia los siglos XIX y XX, Ramon Menendez Pidal* recogió en un libro llamado “Flor Nueva de Romances Viejos” todos estos romances. En un primer momento, lo hizo con la intención de demostrar que los romances eran la génesis de la épica, y que, por tanto, la épica española era mejor que la francesa. El primer y probablemente único poema épico gestado en España es el del Mio Cid, que empieza sus páginas a mitad de la vida del protagonista. Por esta misma razón, Menendez Pidal quiso encontrar la otra mitad del puzzle vital del Cid en los romances, y eso le llevó a recorrer los pueblos de la Península en busca de papeles antiguos con el fin de reconstruir la historia olvidada de la poesía popular de tantos siglos.

Distinguimos los romances según su temática:

Romances históricos: recogen los motivos más conocidos de la épica castellana, como la historia del rey Rodrigo, las mocedades del Cid o los siete infantes de Lara.
Romances fronterizos: se inspiran en hechos de la Reconquista.
Romances carolingios y bretones: se basan en los relatos épicos de Francia y Bretaña y sus personajes.
Romances novelescos y líricos: surgen de la libre invención de los propios juglares. Narran sucesos cotidianos de naturaleza dramática e historias de amores y aventuras.
Romances noticiosos: cuentan las guerras entre los Reinos de la Península.

El estilo de los romances se caracteriza por la concentración expresiva y de dramatismo. En cuanto al lenguaje, generalmente aluden a una localización geográfica concreta y muchas veces personifican lugares (Si tú quisieses Granada, contigo me casaría), proliferan las imágenes por encima de las metáforas y aparecen símbolos propios de la poesía popular. Además, son frecuentes figuras retóricas como el epíteto (uso de un adjetivo que expresa una cualidad propia del sustantivo al que se une), la aliteración (reiteración sistemática de un sonido para producir determinados efectos sensoriales) y la repetición, y es habitual el uso de imágenes sensoriales que remitan a sensaciones de todo tipo.

Ramon Menéndez Pidal (La Coruña, 13 de marzo de 1869 - Madrid, 14 de noviembre de 1968), filólogo, historiador, folklorista, medievalista español, creador de la escuela filológica española, miembro erudito de la Generación del 98.

2) Tipo de romance.

Es un romance del Romancero Viejo conocido como “El llanto de Gonzalo Gustioz”. Dentro de los grupos temáticos en los que se suelen clasificar los romances, éste sería difícil de encuadrar en un único tema. Por una parte, da signos de pertenecer a los fronterizos, ya que trata de la convivencia entre musulmanes y cristianos y de los acontecimientos militares que tuvieron lugar durante la Reconquista. A su vez, y con más intensidad, parece ser un romance épico-histórico, ya que cuenta hazañas de personajes conocidos por el pueblo gracias a los cantares de gesta y a las leyendas, como son los siete Infantes de Lara, o, en otros poemas, el mismísimo Cid.

“El llanto de Gonzalo Gustioz” es, entonces, uno de los poemas más singulares derivados de los cantares de gesta, con la diferencia de que los ciento cincuenta versos de esta poesía épica repartidos en nueve asonancias, se traducen en sesenta versos con dos asonancias en el romance. Además, algunos pasajes, al ser abreviados, ganan lirismo y profundidad (al igual que las jarchas, que al ser composiciones mínimas, condensan el contenido de manera que ganan poesía, ritmo y capacidad simbólica).

En particular, el “Romance de Gonzalo Gustioz” forma parte del Ciclo de los siete Infantes de Lara, conjunto de romances que narran las peripecias de estos siete varones de alto linaje.

No hay huella alguna de las fechas en que este romance fue escrito pero intuimos que, por otros poemas del “Ciclo de los Lara”, que no andará muy lejos del siglo XVI.

3) La familia de Lara

No se sabe con certeza si personajes como Ruy Velásquez o Gonzalo Gustioz existieron, y aunque casi todo apunta a que eran dos nobles que vivieron a finales del siglo X durante el reinado de Garci Fernández, no hay nada que podamos afirmar con total seguridad.

Las aventuras de los siete Infantes de Lara, en cambio, son una realidad histórica situada en el último cuarto del siglo X. En el año 711, los árabes ocuparon Hispania. Algunos hispanos se refugiaron en el norte de la Península, donde la resistencia fue mayor, mientras que otros quedaron en sus tierras sometidos a la nueva autoridad del califato. En 976, el gobierno del califato recayó en Hisham II, de solo once años. Por esta razón de peso, quién asumió el poder fue Almanzor, un general que había realizado grandes conquistas y demostrado arte y valentía empuñando la espada en el campo de batalla. Se suele decir que, al morir Almanzor, el califato cayó en una profunda crisis con la que el Imperio acabó de desmoronarse en 1031.

Podemos decir que la existencia de los Lara se enmarcó aquí, en la esplendorosa dictadura de Almanzor. El odio y la venganza en la familia de Lara fueron sembrados a raíz de una fuerte discusión llena de improperios entre Doña Lambra de Bureba, esposa de don Rodrigo de Lara, y doña Sancha, madre de los siete infantes de Lara. De esta manera observamos que la causa de toda desdicha son las mujeres, y aunque ya analizamos que en los romances, así como en las jarchas, la figura femenina no está tan gravemente reprimida como pensábamos, vemos que sigue siendo la causante de tanta desgracia, y por tanto, una figura maldita que corrompe la bondad y lealtad natural del hombre.

Bien, pero ésta no es la cuestión a ser tratada. Don Rodrigo de Lara promete a su amada vengarse de los infantes de Lara. Envía a su cuñado don Gonzalo Gustioz, padre de éstos siete a Córdoba con una carta en arábigo escrita con la letra de la falsedad. Allí, el rey Almanzor se apiada de Gonzalo y se limita a retenerlo preso. Por otro lado, don Rodrigo de Lara se enfrenta a los infantes con un poderosísimo ejército moro para que murieran en la batalla.

El romance en cuestión recoge el instante en que Gonzalo recibe las siete cabezas sin vida de sus hijos y rompe en llanto sumergiéndose en la amargura de la cautividad en la que se encuentra. Es, quizás, el romance de más emotividad y expresión poética de entre los incluidos en el Ciclo de los de Lara.

4) Glosario.

Glosario de vocabulario:

-tablado: Armazón o castillete muy levantado del suelo y contra el cual los caballeros lanzaban bohordos o lanzas, hasta derribarlo o desbaratarlo. Fue ejercicio usual en las fiestas medievales.

-lidiar: 1.Batallar, pelear.

2. Hacer frente a alguien, oponérsele.

-asaz: 1.Bastante, harto, muy

2. Bastante, mucho

-alférez: 1. Oficial de menor graduación, inmediatamente inferior al teniente.

2. Oficial que llevaba la bandera en la infantería, y el estandarte en la caballería.

- tablas: Juego antiguo parecido al de las damas, donde se combina la habilidad con el azar, ya que son los dados los que deciden el movimiento de las piezas.

-bracero: Hombre que tiene buen brazo para tirar una barra, una lanza u otra arma arrojadiza.

Glosario de personajes y lugares:

-Almanzor: (en árabe, ??? ???? ???? ?? ???), llamado Al-Man??r (???????), el Victorioso, (c. 938 - Medinaceli (?), 11 de agosto de 1002), fue un militar y político andalusí, caudillo del Califato de Córdoba y valido de Hisham II.

-Gonzalo Gustioz: hijo de Gustivo González y Ortega Ramírez, siendo a su vez esta última hija de Ramiro II de León y Ortigueda.

-Los siete infantes de Lara: Los siete infantes de Lara son conocidos por el «Romance de los siete infantes de Lara», basado en el contenido de un antiguo cantar de gesta desaparecido, que es junto con el Cantar de mio Cid y el Poema de Fernán González uno de los más importantes cantares de gesta de la literatura castellana. Eran hijos de Gonzalo Gustios y Sancha Velázquez.

-San Cebrián: día 1 de setiembre del calendario católico.

-Almenar: población de Soria donde tiene lugar una batalla entre moros y cristianos.

Simbología:

“y limpiándoles la sangre, asaz se fuera a turbar;

Dijo llorando agramente: ¡Conóscolas por mi mal!”

En estos dos versos aparecen dos términos que la literatura se ha encargado de relacionar siempre a lo largo de la historia: la sangre y las lágrimas. Las lágrimas juegan el papel de limpiar la sangre, es decir, representan la importancia del lamento, el luto y el llanto para sediar el dolor que produce una muerte.

Gonzalo Gustioz se encuentra cautivo en las cárceles de Almanzor, pero también es prisionero de su angustia y de las heridas totalmente descubiertas por los ojos sin aliento de sus estimados hijos. Por tanto, la prisión simboliza dos estados dentro de una misma persona: el estado físico, del cuerpo encerrado en una celda penumbrosa, y el estado del alma y de la mente, totalmente nublados y encadenados al sufrimiento.

5) Aspecto literal y metafórico.

La lectura literal del romance es el fluir de las lágrimas de Gonzalo Gustioz por la muerte de sus hijos a manos de los musulmanes como consecuencia de la venganza de Ruy Velásquez.

La lectura metafórica es, por el contrario, mucho más honda y resultante. Por una parte, representa el amor paterno y la valoración de cada uno de sus hijos en sus cualidades. Por otra la venganza de toda una saga. Finalmente, los dos grandes monoteísmos antagónicos de la época medieval en la Península Ibérica.

Tanto la venganza como las diferencias religiosas se entremezclan. Literalmente los moros matan a los cristianos, pero en realidad, el cerebro de la matanza es el propio cuñado de don Gonzalo Gustioz, por tanto, la revancha y la ambición de poder resultan mucho más fuertes que las incompatibilidades devotas.

6) Estructura:

El romance se desmiembra en tres partes:

Un planteamiento que sitúa a los lectores en la escena histórica y que toma cuerpo en los versos 1-6.

Un nudo, que a su vez se divide en dos partes: una primera, donde las palabras del rey Almanzor dirigiéndose a Gonzalo son las protagonistas y anuncian la muerte de los siete Infantes en el campo de batalla (versos 7-10), y una segunda en la que Gonzalo Gustioz llora a modo de “pensamientos en voz alta” o “diálogo unidireccional” la pérdida de sus hijos y les habla a cada uno de ellos halagándoles con el reconocimiento de todas sus virtudes (versos 11-40).

Según fuentes que he consultado, el romance va más allá de estos cuarenta versos. Dada su extensión, hemos reducido su análisis, y por tanto, el romance ha quedado incompleto. La segunda parte del nudo (dónde Gonzalo sigue lamentándose) y el desenlace, se ausentan en estas letras.

7)Métrica y figuras retóricas:

El romance es un poema no estrófico que forma series de extensión variable. Está formado por un conjunto de versos octosílabos en el que riman en asonante los versos pares y quedan sueltos los impares.

He escogido estos cuatro versos de dos hemistiquios cada uno para comprobar la métrica.

Respondió Gonzalo Gustioz:(llana: 8-)//:-Presto os diré la verdad. (aguda: 7+1=8): 8a

Y limpiándoles la sangre (llana: 8-),// asaz se fuera a turbar; (aguda:7+1=8) 8a

Dijo llorando agramente:(llana: 8-)// -Conóscolas por mi mal! (aguda: 7+1=8) 8a

La una es de mi carrillo,(llana: 8-)// ¡las otras me duelen más! (aguda: 7+1=8) 8a

“Pártese el moro Alicante víspera de San Cebrián”.

“jugador era de tablas el mejor de toda España”.

Hipérbaton: alteración del orden lógico de las palabras en la oración.

“sacaron ocho cabezas (…)”

Sinécdoque: tipo particular de metonimia que consiste en designar la parte por el todo o el todo por la parte.

“muerto sois como buen hombre, como hombre de fiar”.

Sinonimia: enumeración de términos que tienen un significado común”.

8) Valoración personal:

Nunca he sido amante de la poesía que alude a hechos históricos. Sin embargo, analizar este romance ha sido una especie de descubrimiento. Compararía el tiempo que me ha llevado a indagar en sus entrañas con los minutos de emoción que se tarda a abrir un regalo envuelto con cientos y miles de papeles de periódico. Así ha sido. He ido desnudando progresivamente este producto de la Edad Media, deshaciéndome con cautela de todos aquellos collares y cinturones innecesarios que lo cubrían, de todo aquello que abultaba, hasta dar con la esencia, con el verdadero lirismo de estos versos.


Romance de Montesinos, Por Andrea Martín


--Cata Francia, Montesinos, cata París la ciudad,
cata las aguas de Duero, do van a dar en la mar;
cata palacios del rey, cata los de don Beltrán,
y aquella que ves más alta y que está en mejor lugar
es la casa de Tomillas, mi enemigo mortal.
Por su lengua difamada me mandó el rey desterrar
y he pasado a causa de esto mucha sed, calor y hambre,
trayendo los pies descalzos, las uñas corriendo sangre.
A la triste madre tuya por testigo puedo dar,
que te parió en una fuente sin tener en qué te echar.
Yo triste quité mi sayo para haber de cobijarte;
ella me dijo llorando por te ver tan mal pasar:
--Tomes este niño, conde, y lléveslo a cristianar;
llamédesle Montesinos Montesinos le llamad.--
Montesinos que lo oyera los ojos volvió a su padre;
las rodillas por el suelo empezóle de rogar
le quisiese dar licencia, que en París quiere pasar,
y tomar sueldo del rey si se lo quisiere dar,
por vengarse de Tomillas, su enemigo mortal;
que si sueldo del rey toma, todo se puede vengar.
Ya que despedirse quieren a su padre fue a rogar
que a la triste de su madre él la quiera consolar
y de su parte le diga que a Tomillas va buscar.


Introducción
El Romance de Montesinos es un romance épico de origen francés, del ciclo carolingio, y deriva de una version tardía de la Chanson d’Aïol (cantar de gesta del siglo XIV). Pertenece al romancero viejo, y en el ( él) se cuenta la traición que sufrió el Conde de Grimaldos (yerno del Rey de Francia) por parte de Don Tomillas. Al ser éste traicionado, él y su mujer, la hija del rey, tienen que abandonar Francia y venir a España, donde tienen un hijo al que llamarán Montesinos, y que más tarde querrá volver a Francia para vengar a su padre y devolverle su honor.

Este romance se publicó en pliegos sueltos en el siglo XV y en varios cancionesros, como el de 1550


Glosario
Catar: mirar
Do (van a dar al mar) : que (van a dar al mar)
Cristianar: bautizar
Empezóle: le empezó
Dar licencia: dar permiso
(quiere) pasar: (quiere) entrar
Tomar sueldo: ?Quiere decir que se pondrá al servicio del rey a cambio de una retribución económica.


Comentario
Este romance está escrito en forma de diálogo, y podríamos dividirlo en cuatro partes.
En la primera parte, que va desde el primer verso "Cata Francia, Montesinos..." hasta el décimo verso"...mi enemigo mortal", el Conde de Grimaldos, padre de Montesinos, le enseña y describe la ciudad de París a su hijo. "Do van a dar en la mar" es un verso formulario, que aparece en muchos romances.
Aquí habría que notar que es imposible ver a la vez París y el Duero...que es sólo un recurso estilístico, pero no es realista.
En la segunda parte, desde "Por su lengua difamada..." y hasta "...las uñas corriendo sangre", el conde explica la traición que sufrió por parte de Don Tomillas y que es el motivo por el qual (cual) él y su mujer, la hija del rey, son desterrados de Francia, y las penúrias (penurias) y pobreza que han tenido que sufrir.
La tercera parte, que abarca desde "A la triste madre tuya..." hasta "...Montesinos le llamad", cuenta el naciemiento de Montesinos, y su padre le explica en qué condiciones de probeza nació, pues sus padres no tenian ni ropas para vestirlo.
Y en la cuarta parte, "Montesinos que lo oyera..." a "...que a Tomillas va buscar", el padre acaba la explicación y un narrador nos explica lo que Montesinos le dice a su padre; le pide permiso para entrar en París y, si el rey también se lo permite, buscar a Don Tomillas para matarle y así vengar el honor de sus padres.


En el Romance de Montesinos, cada verso és (es) un hemistiquio que va junto a otro separado por una cesura.
Los versos són octosílabos, pero hay algunas diferencias; los hemistiquios que forman la primera parte del verso siempre son octosílabos acabados en una palabra grave, pero en los segundos hemistiquios, la mayoría són versos que acaban en una palabra aguda, y porta tanto se le suma una sílaba para que sean octosílabos, menos el séptimo, el octavo, el undécimo, y el decimoquinto verso, que són (son) iguales que los primeros hemistiquios.


En los tres primeros versos encontramos una anáfora;
"Cata Francia, Montesinos, cata París la ciudad,
cata las aguas del Duero, do van a dar en la mar;
cata palacios del rey, cata los de don Beltrán,"
en el octavo verso aparece una hipérbole, que aparece para dar más emfásis;
"...las uñas corriedo sangre."
igual que en el anterior verso, encontramos en el noveno que el autor ha puesto el adjetivo delante del nombre con el mismo objetivo, dar más émfasis;
"A la triste madre tuya..."
y en el decimocuarto verso observamos una anadiplosis, que consiste en emplear una misma palabra al final de un verso y al principio del siguiente;
"llamédesle Montesinos Montesinos le llamad". (y es un verso formulario, también)

23/10/2007 10:55 Autor: Gabriela Zayas De Lille #. Literatura Hay 10 comentarios.

Las coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique

20071012092317-jorge-manrique.jpg


Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte,
contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el plazer,
cómo después, de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiera tiempo passado
fue mejor.

Y pues vemos lo presente
cómo en un punto s’es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por passado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio,
porque todo ha de passar
por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros, medianos
y más chicos,
allegados son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

Dexo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores.
A Aquél solo me encomiendo,
Aquél solo invoco yo,
de verdad,
que en este mundo viviendo
el mundo no conosció
su deidad.

Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nascemos,
andamos mientra vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenescemos;
assí que, cuando morimos,
descansamos.

Este mundo bueno fue
si bien usáremos dél
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganar aquél
que atendemos.
Y aun el hijo de Dios,
para sobirnos al cielo,
descendió
a nascer acá entre nos
y vivir en este suelo
do murió.

Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun primero que muramos,
las perdemos:
dellas deshaze la edad,
dellas casos desastrados
que acaescen,
dellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallescen.

Dezidme, la hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color y la blancura
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?
Las mañas y ligereza
y la fuerça corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal
de senectud.

Pues la sangre de los godos,
el linaje y la nobleza
tan crescida,
¡por cuántas vías y modos
se sume su gran alteza
en esta vida!:
Unos, por poco valer,
por cuan baxos y abatidos
que los tienen;
otros que, por no tener,
con oficios no debidos
se mantienen.

Los estados y riqueza
que nos dexan a deshora
¿quién lo duda?
No les pidamos firmeza,
pues que son de una señora
que se muda;
que bienes son de Fortuna
que revuelve con su rueda
presurosa,
la cual no puede ser una,
ni estar estable ni queda
en una cosa.

Pero digo que acompañen
y lleguen hasta la huesa
con su dueño:
por esso no nos engañen,
pues se va la vida apriessa
como sueño.
Y los deleites de acá
son, en que nos deleitamos,
temporales,
y los tormentos de allá,
que por ellos esperamos,
eternales.

Los plazeres y dulçores
desta vida trabajada
que tenemos,
¿qué son sino corredores
y la muerte, la celada
en que caemos?
No mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin parar;
desque vemos el engaño
y queremos dar la vuelta,
no hay lugar.

Si fuesse en nuestro poder
tornar la cara fermosa
corporal,
como podemos hazer
el ánima gloriosa
angelical,
¡qué diligencia tan viva
toviéramos toda hora,
y tan presta,
en componer la cativa,
dexándonos la señora
descompuesta!

Essos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya passadas,
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas.
Assí que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y perlados,
assí los trata la muerte
como a los pobres pastores
de ganados.

Dexemos a los troyanos,
que sus males no los vimos
ni sus glorias;
dexemos a los romanos,
aunque oímos y leimos
sus historias.
No curemos de saber
lo de aquel siglo passado
qué fue d’ello;
vengamos a lo de ayer,
que también es olvidado
como aquello.

¿Qué se hizo el rey don Juan?
¿Los Infantes de Aragón,
qué se hizieron?
¿Qué fue de tanto galán?
¿Qué fue de tanta invención
como truxieron?
Las justas y los torneos,
paramentos, bordaduras
y cimeras,
¿fueron sino devaneos?,
¿que fueron sino verduras
de las eras?

¿Qué se hizieron las damas,
sus tocados, sus vestidos,
sus olores?
¿Qué se hizieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amadores?
¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

Pues el otro, su heredero,
don Enrique, !qué poderes
alcançaba!,
¡cuán blando, cuán halaguero
el mundo con sus plazeres
se le daba!
Mas veréis, ¡cuán enemigo,
cuán contrario, cuán cruel
se le mostró!;
habiéndole sido amigo,
¡cuán poco duró con él
lo que le dio!

Las dádivas desmedidas,
los edificios reales
llenos de oro,
las vaxillas tan febridas,
los enriques y reales
del tesoro,
los jaezes y caballos
de su gente, y atavíos
tan sobrados,
¿dónde iremos a buscallos?;
¿qué fueron, sino rocíos
de los prados?

Pues su hermano, el inocente
que, en su vida, sucessor
se llamó,
¡qué corte tan excelente
tuvo y cuánto gran señor
que le siguió!
Mas, como fuesse mortal,
metióle la muerte luego
en su fragua.
¡Oh, juïzio divinal!,
cuando más ardía el fuego
echaste agua.

Pues aquel gran Condestable,
maestre que conoscimos
tan privado,
no cumple que dél se hable,
sino solo que lo vimos
degollado.
Sus infinitos tesoros,
sus villas y sus lugares,
su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?,
¿fuéronle sino pesares
al dexar?

Pues los otros dos hermanos,
maestres tan prosperados
como reyes,
que a los grandes y medianos
truxeron tan sojuzgados
a sus leyes;
aquella prosperidad
que tan alto fue subida
y ensalzada,
¿qué fue sino claridad
que, estando más encendida,
fue amatada?

Tantos duques excelentes,
tantos marqueses y condes,
y barones
como vimos tan potentes,
di, Muerte, ¿dó los escondes
y traspones?
Y las sus claras hazañas
que hizieron en las guerras
y en las pazes,
cuando tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerça las atierras
y deshazes.

Las huestes innumerables,
los pendones y estandartes
y banderas,
los castillos impugnables,
los muros y baluartes
y barreras,
la cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo
¿qué aprovecha?
Que si tú vienes airada,
todo lo passas de claro
con tu flecha.

Aquel, de buenos abrigo,
amado por virtuoso
de la gente,
el maestre don Rodrigo
Manrique, tan famoso
y tan valiente;
sus grandes hechos y claros
no cumple que los alabe,
pues los vieron,
ni los quiero hazer caros,
pues el mundo todo sabe
cuales fueron.

¡Qué amigo de sus amigos!
¡Qué señor para criados
y parientes!
¡Qué enemigo de enemigos!
¡Qué maestro de esforçados
y valientes!
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Qué razón!
¡Qué benigno a los sujetos,
y a los bravos y dañosos,
un león!

En ventura, Octavïano;
Julio César, en vencer
y batallar;
en la virtud, Africano;
Aníbal, en el saber
y trabajar;
en la bondad, un Trajano;
Tito, en liberalidad
con alegría;
en su braço, Aurelïano;
Marco Atilio, en la verdad
que prometía.

Antonio Pío, en clemencia;
Marco Aurelio, en igualdad
del semblante;
Adrïano, en elocuencia;
Teodosio, en humanidad
y buen talante;
Aurelio Alexandre fue
en disciplina y rigor
de la guerra;
un Costantino, en la fe;
Camilo, en el gran amor
de su tierra.

No dexó grandes tesoros,
ni alcançó grandes riquezas
ni vaxillas,
mas hizo guerra a los moros
ganando sus fortalezas
y sus villas.
Y en las lides que venció,
muchos moros y caballos
se perdieron,
y en este oficio ganó
las rentas y los vasallos
que le dieron.

Pues por su honra y estado,
en otros tiempos passados,
¿cómo se hubo?:
Quedando desamparado,
con hermanos y criados
se sostuvo.
Después que hechos famosos
hizo en esta dicha guerra
que hazía,
hizo tratos tan honrosos
que le dieron aun más tierra
que tenía.

Estas sus viejas estorias
que con su braço pintó
en la joventud,
con otras nuevas victorias
agora las renovó
en la senectud.
Por su gran habilidad,
por méritos y ancianía
bien gastada,
alcançó la dignidad
de la gran caballería
de la Espada.

Y sus villas y sus tierras,
ocupadas de tiranos
las halló,
mas por cercos y por guerras,
y por fuerça de sus manos
las cobró.
Pues nuestro Rey natural,
si de las obras que obró
fue servido,
dígalo el de Portugal,
y en Castilla quien siguió
su partido.

Después de puesta la vida
tantas vezes por su ley
al tablero,
después de tan bien servida
la corona de su Rey
verdadero,
después de tanta hazaña
a que no puede bastar
cuenta cierta,
en la su villa de Ocaña
vino la Muerte a llamar
a su puerta.

Diziendo: "Buen caballero,
dexad el mundo engañoso
y su halago,
vuestro coraçón de azero
muestre su esfuerço famoso
en este trago;
y pues de vida y salud
hezistes tan poca cuenta
por la fama,
esforçad vuestra virtud
para sofrir esta afruenta
que os llama.

"No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga
de fama tan glorïosa
acá dexáis.
Aunque esta vida de honor
tampoco no es eternal
ni verdadera,
mas con todo es muy mejor
que la otra temporal,
perescedera.

"EI vivir que es perdurable
no se gana con estados
mundanales,
ni con vida deleitable
en que moran los pecados
infernales.
Mas los buenos religiosos
gánanlo con oraciones
y con lloros;
los caballeros famosos,
con trabajos y aflicciones
contra moros.

"Y pues vos, claro varón,
tanta sangre derramastes
de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganastes
por las manos;
y con esta confiança,
y con la fe tan entera
que tenéis,
partid con buena esperança,
que esta otra vida tercera
ganaréis".

Responde el Maestre

"No gastemos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;
y consiento en mi morir
con voluntad plazentera,
clara y pura,
que querer hombre vivir,
cuando Dios quiere que muera,
es locura."

Oración

"Tu, que por nuestra maldad
tomaste forma servil
y baxo nombre;
Tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
como el hombre;
Tú, que tan grandes tormentos
sufriste sin resistencia
en tu persona;
no por mis merescimientos,
mas por tu sola clemencia,
me perdona."

Cabo

Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer,
y de hijos, y hermanos,
y criados,
dio el alma a quien gela dio,
ei cual la ponga en el cielo
en su gloria.
Y aunque la vida murió,
nos dexó harto consuelo
su memoria.

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12/10/2007 09:24 Autor: Gabriela Zayas De Lille #. Literatura No hay comentarios. Comentar.

Los romances españoles

Aunque en el Campus Virtual de mi Instituto he colgado el tema completo, aquí os dejo este resumen resumidísimo por si a alguien le puede interesar.

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07/10/2007 21:57 Autor: Gabriela Zayas De Lille #. Literatura Hay 1 comentario.


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