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LeonardoCastellano

Textos para Safia

Mi viaje a París, por Safia

Mi viaje a París, por Safia
        La semana pasada fui a París para visitar a mi familia.  Me quedé allí por nueve dias y me encantó. Los primeros dias visité a mi familia. Visité a mis primos, primas, tios, tias, y amigos.  Yo estuve muy contenta por ver mi familia. En París visité la Torre Effiel, la Torre Effiel está muy bonita durante Navidad porque tiene luz. También, yo fui a la avenida ¨Champs Éysées¨. Me encantó esta avenida porque es un avenida muy agradable. Allí, mi prima y yo fuimos a muchas tiendas y compramos un montón de cosas. Al fin de la avenida nosotras vimos el ¨Arc de Triomf¨.Allá, sacamos fotos y después fuimos a comer en un restaurante delicioso.   Visité el Sagrada Corazón y Norte Dame. Cada vez que yo visitaba aquellas iglesias yo siempre soy impresionado por su belleza, arquitectura e historia. Mi tío, que es músico, me trajo a Montmarte porque esto es un paraíso de músicos. Hay muchas tiendas de instrumentos y también hay músicos que tocan en la calle. Me gustó. También fui a Sant Michele, un sitio que es muy mono y agradable. Visité el museo  del ¨Louvre¨ y el Museo de ¨Moyen age¨. Los dos museos eran bonitos y interesantes.  Finalmente, yo fui a Saint Germain con mi tía y primo y visitamos jardines. los jardines eran muy impresionantes. Sin embargo, después de los nueve dias yo echaba de menos Barcelona y quería volver.
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Mi papá en Barcelona.

El Sabado pasado mi padre vino a Barcelona por la primera vez de su vida. Nos encontramos a Gràcia y fuimos con su amigos a comer. Despuès de comer, nos dos fuimos a vistar la casa Batllò. Nos gustó mucho la casa Batllò. Después, caminamos a Plaça Catalunya y pasamos un rato en la Rambla, Port Vell, y Barri Gotic. Por la noche, fuimos a cenar en un restaurante Japonés con su amigos. Al dia siguiente, domingo, fuimos a vistar el Parque Güell y La Sagrada Familia. A mi Padre le gustan mucho las cosas de Gaudi. Después, fuimos a Sant Cugat y mi padre conció a mi familia española.

Mi padre y yo hablamos de muchas cosas este fin de semana. Hablamos de la universidad, mi familia en Nuevi York, la historia de Barcelona, su futuro viaja a Argelia, de mi futuro viaje a Paris, y mi experiencia aquí. No quiero ir con mi padre a Argelia porque no mi gusta la mentalidad de los hombres allí. Los hombres son muy estrictos y quieren controlar la vida de las mujeres. También, porque yo prefiero ir a Paris.

Paul Auster: El Palacio de la Luna

Paul Auster: El Palacio de la Luna

Por Gabriela Zayas

“El Palacio de la luna” narra la historia de Marco Stanley Fogg desde sus inicios como huérfano ignorante de su orfandad, hasta el momento en que, después de un via crucis iniciático, mete los pies en el Gran Océano y recomienza su historia. En esa literal travesía del desierto, Fogg, como Phileas, recupera su día perdido. Gana su apuesta y se convence, por fin, de que puede vivir.
La pérdida (en este caso del tío Víctor, su único familiar vivo), como en otras obras de Auster, da pie al comienzo del duelo: el duelo es el primer paso de la desaparición del mundo: “Al final, el problema no era la pena, la pena era la primera causa tal vez… pero…toda una cadena de fuerzas se había puesto en marcha” y la vida de Fogg comienza a desvanecerse al mismo tiempo que desaparecen las cajas con los libros que ha heredado de Víctor.
Para mí, uno de los pasajes más emocionantes de toda la literatura actual se encuentra en esos fragmentos en los que Víctor deja a su sobrino, apilados eclécticamente en cajas de cartón, sus 1492 volúmenes: poemas, novelas, filosofía, libros de ajedrez y opúsculos de ínfima calidad, amontonándose en el orden de sus etapas vitales, ilustrando su vida por épocas. M.S. Fogg convierte esas cajas primero en mobiliario, apilándolas de diversas formas, haciendo con ellas bases para el colchón, mesas, taburetes… pero después, iniciada ya la caída, comienza a leerlos para poder, después, venderlos al librero de viejo. A medida que su dieta se hace cada vez más escueta, Fogg pierde la capacidad de comprender las palabras de los libros de Víctor, pero tenazmente, en homenaje amoroso, no puede venderlos sin antes, al menos, pasar sus dedos por cada renglón. Pocas veces se ha descrito un homenaje de amor más conmovedor que éste: “Así fue como terminé la tarea: como un ciego leyendo en braille. Si no podía leer las palabras, al menos quería tocarlas”.
Y así, poco a poco, el joven estudiante de Columbia University termina su carrera casi ciego, convertido en un esqueleto de campo nazi, en medio de Nueva York: orgulloso de no haber cedido a soluciones. Dispuesto a esfumarse de la vida. El periodo eremita de Fogg no ha hecho más que comenzar, pues aún tiene un techo; pero pronto lo perderá y se convertirá en el náufrago que vive bajo las estrellas, privado de todo, en Central Park.
Estas páginas mágicas nos recuerdan la terrible precariedad de nuestras vidas, y cómo la privación de aquello que amamos devasta nuestras vidas. Los personajes de Auster son seres que aceptan esa radical fragilidad; que no la eluden, que la admiten y la viven a fondo y llegan hasta rozar los labios de la muerte, convencidos de que no pueden hacer otra cosa que escapar de la vida, que estar muertos en vida para purgar. Para sufrir. Son personajes que beben hasta el fondo del vaso esa cicuta que se llama dolor o se llama soledad. Que admiten el desamparo de una manera total, sin medias tintas ni componendas. He ahí su grandeza.
Su extraordinario encuentro con Kitty Wu cuando en realidad busca a David Zimmer (luego protagonista de “El libro de las ilusiones”), es típico de Auster: el reconocimiento de la igualdad de ambos “gemelos” es fulgurante. Y ella será el ángel que, en compañía de Zimmer, le salvará del naufragio en Central Park porque como dice Fogg:”Yo había saltado desde el borde y entonces, en el último instante, algo me cogió en el aire. Ese algo es lo que defino como amor. Es la única cosa que puede detener la caída de un hombre, la única cosa lo bastante poderosa para invalidar las leyes de la gravedad”.
Desde esa salvación, el camino de Fogg se cruzará con la de Effing, un extravagante millonario ciego e impedido, que va a narrarle su vida y sus memorias (que como en otras novelas de Auster constituye una novela dentro de la novela),y que va a conducirle, inexorablemente a encontrar por fin la identidad del padre desconocido. Fogg conocerá la piedad por un camino tortuoso, extraño. Y después de un viaje iniciático y revelador a pie por el desierto americano, en el que romperá cinco pares de botas, llegará a su propio lugar fundacional. Renacido, encontrará por fin su verdadera patria “Aquí es donde empiezo, me dije, aquí es donde mi vida comienza”.

Os dejo esta breve recensión de mi novela favorita de Paul Auster, recientemente galardonado en Oviedo con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2006. La escribí hace ya algún tiempo y espero que os incite a la lectura de este gran autor contemporáneo.

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Escritores argelinos (para Safia)

Escribir en francés

La gran contradicción de la literatura argelina en francés es, precisamente, su expresión en la lengua de la potencia colonial. ¿Cómo justificar cualquier proyecto de

creación de mitos nacionales en una lengua ajena? Yacine, hijo de una familia de letrados y educado en francés explica en El poeta como boxeador su relación con la lengua: "Es una vieja cuenta amorosa que está por saldar. Amor y odio son inseparables."

Esta dualidad, esta ambivalencia es el reto diario del escritor francófono. La francofonía "es el instrumento de alienación de los pueblos colonizados por Francia. Este aspecto negativo ha ido acompañado de un aspecto positivo, pues el conocimiento de una lengua es también un arma. Tómese el ejemplo de la guerra de Argelia. Si la ganamos, es porque conocíamos la lengua de los franceses, que, por su parte, ignoraban la nuestra. Utilizamos la lengua francesa para defender nuestra propia causa. Tarde o temprano, una lengua se vuelve contra los que la utilizan como un medio de opresión."

En cambio, la posición de Boudjedra es diferente. El repudio es, a muchos niveles, una transgresión. La palabra, el discurso, nace del diálogo con una francesa, Céline, que en cierto modo justifica que la narración sea en francés y no en la lengua materna del narrador. Exposición de una doble cultura y no de una alienación, como lo explica el bilingüismo del autor: escolarizado en Túnez, porque en Argelia no había enseñanza en árabe, escribirá en francés hasta 1981 y luego justificará así su cambio de idioma:

"Mi padre me envió a Túnez especialmente para aprender árabe. (...) ¿Entonces, por qué desperdiciar todo esto? [El cambio] fue una gran satisfacción, como cuando se realiza un deseo, un antiguo sueño. Fue también un acto político..."

Acto político, relación compleja de amor y de odio... Por otra parte, las dificultades de la censura han hecho que Francia sea un refugio, un terreno para publicar lo que no se puede publicar en Argel. Ciertamente, hubiera sido difícil que apareciera El repudio en la muy controlada editorial estatal SNED, pero su éxito francés le permitió una difusión en Argelia, aunque, al principio, a escondidas.

Asimismo, los intelectuales franceses siempre tuvieron una relación ambigua con su antigua colonia. No se puede olvidar, por ejemplo, que el recién fallecido Pierre Bourdieu empezó su trayectoria de investigador en Argelia, en Cabilia, y que a través de su relación con el etnólogo, poeta y novelista Mouloud Mammeri siempre mantuvo contactos con los intelectuales argelinos. Los escritores argelinos buscan en Francia un éxito crítico o comercial sobre el cual decide la "inteligencia" parisina, antes de ser consagrados en Argel. El prestigio literario (y el dinero que supone) proviene ante todo de Francia, de la "boca del lobo", como decía Kateb Yacine. El escritor, como su hermano el inmigrante, pasa de ser colonizado y explotado en su propio país a la misma situación en Europa.

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