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LeonardoCastellano

Los romances para l@s chic@de Modalidad de Literatura

Los romances para l@s chic@de Modalidad de Literatura
1. Romance de las quejas de doña Lambra: «Yo me estaba en Barbadillo,
en esa mi heredad»

–Yo me estaba en Barbadillo,
en esa mi heredad;
mal me quieren en Castilla
los que me habían de aguardar;
los hijos de doña Sancha                        5
mal amenazado me han,
que me cortarían las faldas
por vergonzoso lugar,
y cebarían sus halcones
dentro de mi palomar,                            10
y me forzarían mis damas,
casadas y por casar;
matáronme un cocinero
so faldas del mi brial.
Si desto no me vengáis,                        15
yo mora me iré a tornar.
Allí habló don Rodrigo,
bien oiréis lo que dirá:
  –Calledes, la mi señora,
vos no digades a tal,                              20
de los Infantes de Salas
yo vos pienso de vengar;
telilla les tengo urdida
bien se la cuido tramar,
que nascidos y por nascer,                    25
dello tengan que contar.

2.Romance del llanto de Gonzalo Gustioz: «Pártese el moro Alicante,
víspera de San Cebrián»



Pártese el moro Alicante víspera de Sant Cebrián;

ocho cabezas llevaba, todas de hombres de alta sangre.

Sábelo el rey Almanzor, a recebírselo sale;

aunque perdió muchos moros, piensa en esto bien ganar.

Manda hacer un tablado para mejor las mirar,

mandó traer un cristiano que estaba en captividad.

Como ante sí lo trujeron empezóle de hablar,

díjole: -Gonzalo Gustos, mira quién conocerás;

que lidiaron mis poderes en el campo de Almenar:

sacaron ocho cabezas, todas son de gran linaje.

Respondió Gonzalo Gustos: -Presto os diré la verdad."

Y limpiándoles la sangre, asaz se fuera a turbar;

dijo llorando agramente: -¡Conóscolas por mi mal!

la una es de mi carillo, ¡las otras me duelen más!

de los Infantes de Lara son, mis hijos naturales.

Así razona con ellos como si vivos hablasen:

-¡Dios os salve, el mi compadre, el mi amigo leal!,

¿Adónde son los mis hijos que yo os quise encomendar?

Muerto sois como buen hombre, como hombre de fiar.

Tomara otra cabeza del hijo mayor de edad:

-Sálveos Dios, Diego González, hombre de muy gran bondad,

del conde Femán González alférez el principal:

a vos amaba yo mucho, que me habíades de heredar.

Alimpiándola con lágrimas volviérala a su lugar,

y toma la del segundo, Martín Gómez que llamaban:

-Dios os perdone, el mi hijo, hijo que mucho preciaba;

jugador era de tablas el mejor de toda España,

mesurado caballero, muy buen hablador en plaza.

Y dejándola llorando, la del tercero tomaba:

-Hijo Suero Gustos, todo el mundo os estimaba;

el rey os tuviera en mucho, sólo para la su caza:

gran caballero esforzado, muy buen bracero a ventaja.

¡Ruy Gómez vuestro tío estas bodas ordenara!

Y tomando la del cuarto, lasamente la miraba:

-¡Oh hijo Fernán González, (nombre del mejor de España,

del buen conde de Castilla, aquel que vos baptizara)

matador de puerco espín, amigo de gran compaña!

nunca con gente de poco os vieran en alianza.

Tomó la de Ruy Gómez, de corazón la abrazaba:

-¡Hijo mío, hijo mío! ¿quién como vos se hallara

3. Romance de la traición de Vellidos Dolfos: «Rey don Sancho, rey don
Sancho, no digas que no te aviso»

Rey Don Sancho, Rey Don Sancho,
no digas que no te aviso,
que del cerco de Zamora
un traidor había salido;
Bellido D'Olfos se llama,
hijo de D'Olfos Bellido,
a quien él mismo matara
y después echó en el río.

Si te engaña, Rey Don Sancho,
no digas que no lo digo. -

Oídolo ha el traidor,
gran enojo ha redibido;
fuese donde estaba el Rey,
de aquesta suerte le ha dicho:
- Bien conoscedes, señor,
el mal querer y homecillo
qu'el malo de Arias Gonzalo
y sus hijos han conmigo;
en fin, has tu real
agora me ha perseguido:
esto porque le rieptaba
que estorbaban su partido
que otorgase Doña Urraca
a Zamora en tu servicio.

Agora que han bien mirado
como está bien entendido
que tú prendas a Zamora
por el postigo salido,
trabajan buscar tu daño
dañando el crédito mío.

Si me quieres por vasallo
serviréte sin partido. -
El buen Rey, siendo contento,
díjole: - Muéstrame, amigo,
por donde tome a Zamora,
qu'en ella serás tenido
mucho más que Arias Gonzalo,
que la manda con desvío. -
Besóle el traidor la mano
y en gran poridad le dijo:
- Vámonos tú y yo, Señor,
solos, por no hacer bullicio,
verás lo que me demandas,
y ordenarás tu partido
donde se faga una cava,
y lo que manda mi aviso,
después con ciento de a pie
matar los guardias me obligo,
y se entrarán tus banderas
guardándoles el postigo. -

4. Romance de la jura de Santa Gadea : «En Santa Águeda de Burgos, do
juran los fijosdalgo»

En santa Águeda de Burgos,  do juran los hijosdalgo,
le toman jura a Alfonso  por la muerte de su hermano;
tomábasela el buen Cid,  ese buen Cid castellano,
sobre un cerrojo de hierro  y una ballesta de palo
y con unos evangelios  y un crucifijo en la mano.
Las palabras son tan fuertes  que al buen rey ponen espanto;
—Villanos te maten, Alonso,  villanos, que no hidalgos,
de las Asturias de Oviedo,  que no sean castellanos;
mátente con aguijadas,  no con lanzas ni con dardos;
con cuchillos cachicuernos,  no con puñales dorados;
abarcas traigan calzadas,  que no zapatos con lazo;
capas traigan aguaderas,  no de contray ni frisado;
con camisones de estopa,  no de holanda ni labrados;
caballeros vengan en burras,  que no en mulas ni en caballos;
frenos traigan de cordel,  que no cueros fogueados.
Mátente por las aradas,  que no en villas ni en poblado,
sáquente el corazón  por el siniestro costado;
si no dijeres la verdad  de lo que te fuere preguntando,
si fuiste, o consentiste  en la muerte de tu hermano.
Las juras eran tan fuertes  que el rey no las ha otorgado.
Allí habló un caballero  que del rey es más privado:
—Haced la jura, buen rey,  no tengáis de eso cuidado,
que nunca fue rey traidor,  ni papa descomulgado.
Jurado había el rey  que en tal nunca se ha hallado;
pero allí hablara el rey  malamente y enojado:
—Muy mal me conjuras, Cid,  Cid, muy mal me has conjurado,
mas hoy me tomas la jura,  mañana me besarás la mano.
—Por besar mano de rey  no me tengo por honrado,
porque la besó mi padre  me tengo por afrentado.
—Vete de mis tierras, Cid,  mal caballero probado,
y no vengas más a ellas  dende este día en un año.
—Pláceme, dijo el buen Cid,  pláceme, dijo, de grado,
por ser la primera cosa  que mandas en tu reinado.
Tú me destierras por uno,  yo me destierro por cuatro.
Ya se parte el buen Cid,  sin al rey besar la mano,
con trescientos caballeros,  todos eran hijosdalgo;
todos son hombres mancebos,  ninguno no había cano;
todos llevan lanza en puño  y el hierro acicalado,
y llevan sendas adargas  con borlas de colorado.
Mas no le faltó al buen Cid  adonde asentar su campo.



5. Romance de Diego Laínez y Rodrigo ante el rey: «Cabalga Diego
Laínez al buen rey besar la mano»


Cabalga Diego Laínez al buen rey besar la mano,
consigo se los llevaba los trescientos hijosdalgo;
entre ellos iba Rodrigo,el soberbio castellano.
Todos cabalgan a mula, sólo Rodrigo a Caballo;
todos se visten oro y seda, Rodrigo va bien armado;
todos guantes olorosos,Rodrigo guante mallado;
todos con sendas varicas, Rodrigo estoque dorado;
todos sombreros muy ricos,Rodrigo casco afinado,
y encima del casco lleva un bonete colorado.
Andando por su camino unos con otros hablando
allegados son a Burgos, con el rey han encontrado.
Los que vienen con el rey entre sí van razonando;
unos lo dicen de quedo, otros lo van publicando:
--Aquí viene entre esta gente quien mató al conde Lozano.
Como lo oyera Rodrigo en hito los ha mirado:
--Si hay alguno entre vosotros, su pariente o adeudado,
que le pese de su muerte, salga luego a demandallo;
yo se lo defenderé, quiera a pie, quiera a caballo.
Todos dicen para sí:--Que te lo demande el diablo.
Se apean los de Vivar para al rey besar la mano;
Rodrigo se quedó solo encima de su caballo.
Entonces habló su padre,bien oiréis lo que le ha hablado:
--Apeaos vos, mi hijo, besaréis al rey la mano,
porque él es vuestro señor,vos, hijo, sois su vasallo.
--Si otro me dijera eso ya me lo hubiera pagado,
mas por mandarlo vos, padre,lo haré, aunque no de buen grado.
Ya se apeaba Rodrigo para al rey besar la mano,
al hincar de la rodilla el estoque se ha arrancado.
Espantose de esto el rey y dijo como turbado:
--¡Quítate, Rodrigo, allá, quita, quítate allá, diablo,
que el gesto tienes de hombre,los hechos de león bravo!
Como Rodrigo esto oyó apriesa pide el caballo,
con una voz alterada contra el rey así ha hablado:
--Por besar mano de rey no me tengo por honrado;
porque la besó mi padre me tengo por afrentado.
En diciendo estas palabras, salido se ha del palacio;
consigo se los tornaba los trescientos hijosdalgo.
Si bien vinieron vestidos,volvieron mejor armados,
y si vinieron en mulas,todos vuelven en caballos.


6. Romance del rey Rodrigo y la pérdida de España: «Los vientos eran
contrarios, la luna estaba crecida»


Los vientos eran contrarios,
la luna estaba crecida,
los peces daban gemidos
por el mal tiempo que hacía,
cuando el rey don Rodrigo
junto a la Cava dormía,
dentro de una rica tienda
de oro bien guarnecida.
Trescientas cuerdas de plata
que la tienda sostenían,
dentro había doncellas
vestidas a maravilla;
las cincuenta están tañendo
con muy extraña armonía,
las cincuenta están cantando
con muy dulce melodía.

Allí hablara una doncella
que Fortuna se decía:
'Si duermes, rey don Rodrigo,
despierta por cortesía,
y verás tus malos hados,
tu peor postrimería,
y verás tus gentes muertas
y tu batalla rompida,
y tus villas y ciudades
destruidas en un día:
tus castillos, fortalezas,
otro señor los regía.
Si me pides quién lo ha hecho
yo muy bien te lo diría:
ese conde don Julián
por amores de su hija,
porque se la deshonraste
y más de ella no tenía.
Juramento viene echando
que te ha de costar la vida.'

Despertó muy congojado
con aquella voz que oía;
con cara triste y penosa
de esta suerte respondía:
'Mercedes a ti, Fortuna,
de esta tu mensajería.'

Estando en esto allegó
uno que nuevas traía:
como el conde don Julián
las tierras le destruía.


7. Romance del sueño de doña Alda: «En París está doña Alda, la esposa
de don Roldán»

En París está doña Alda, 
la esposa de don Roldán,
trescientas damas con ella 
para la acompañar:
todas visten un vestido, 
todas calzan un calzar,
todas comen a una mesa, 
todas comían de un pan,
si no era doña Alda, 
que era la mayoral;
las ciento hilaban oro, 
las ciento tejen cendal,
las ciento tañen instrumentos 
para doña Alda holgar.
Al son de los instrumentos 
doña Alda dormido se ha;
ensoñado había un sueño, 
un sueño de gran pesar.
Recordó despavorida 
y con un pavor muy grande;
los gritos daba tan grandes
que se oían en la ciudad.
Allí hablaron sus doncellas, 
bien oiréis lo que dirán:
—¿Qué es aquesto, mi señora? 
¿quién es el que os hizo mal?
—Un sueño soñé, doncellas, 
que me ha dado gran pesar:
que me veía en un monte 
en un desierto lugar:
do so los montes muy altos
un azor vide volar,
tras dél viene una aguililla 
que lo ahínca muy mal.
El azor, con grande cuita, 
metióse so mi brial,
el aguililla, con gran ira, 
de allí lo iba a sacar;
con las uñas lo despluma,
con el pico lo deshace.
Allí habló su camarera, 
bien oiréis lo que dirá:
—Aquese sueño, señora, 
bien os lo entiendo soltar:
el azor es vuestro esposo 
que viene de allén la mar,
el águila sedes vos,
con la cual ha de casar,
y aquel monte es la iglesia, 
donde os han de velar.
—Si así es, mi camarera, 
bien te lo entiendo pagar.
Otro día de mañana 
cartas de fuera le traen:
tintas venían por dentro,
de fuera escritas con sangre,
que su Roldán era muerto 
en caza de Roncesvalles.



8. Romance de Melisenda insomne: «Todas las gentes dormían en las que
Dios tiene parte»


Todas las gentes dormían (en las que Dios tiene parte),
mas no duerme Melisenda la hija del emperante,
que amores del conde Ayuelos no la dejan reposar.
Salto diera de la camacomo la parió su madre,
vistiérase una alcandora no hallando su brial;
vase para los palacios donde sus damas están,
dando palmadas en ellas las empezó de llamar:
"Si dormís, las mis doncellas,si dormides, recordad;
las que sabedes de amores consejo me queráis dar,
las que de amor no sabedes tengádesme poridad:
amores del conde Ayuelos no me dejan reposar.
"Allí hablara una vieja,vieja es de antigua edad:
"Agora es tiempo, señora,de los placeres tomar,
que si esperáis a vejez no vos querrá un rapaz."
Desque esto oyó Melisenda no quiso más esperar,
y vase a buscar al conde a los palacios do está.
Topara con Hernandillo un alguacil de su padre:
"¿Qué es aquesto,Melisenda? Esto ¿qué podía estar?
¡O vos tenéis mal de amores o os queréis loca tornar!"
"Que no tengo mal de amores ni tengo por quién penar,
mas cuando yo era pequeña tuve una enfermedad;
prometí tener novenas allá en San Juan de Letrán;
las dueñas iban de día,doncellas agora van."
Desque esto oyera Hernando puso fin a su hablar;
la infanta, mal enojada,queriendo dél se vengar:
"Prestásesme", dijo a Hernando,"prestásesme tu puñal,
que miedo me tengo, miedo de los perros de la calle.
"Tomó el puñal por la punta,los cabos le fue a dar;
diérale tal puñalada que en el suelo muerto cae,
y vase para el palacio a do el conde Ayuelos está.
Las puertas halló cerradas, no sabe por dó entrar;
con arte de encantamiento las abrió de par en par.
Al estruendo el conde Ayuelos empezara de llamar:
"Socorred, mis caballeros, socorred sin más tardar;
creo son mis enemigos que me vienen a matar."                                    70
La Melisenda discreta le empezara de hablar:
"No te congojes, señor,no quieras pavor tomar,
que yo soy una morica venida de allende el mar."
Desque esto oyera el conde luego conocido la ha;
fuese el conde para ella, las manos le fue a tomar,
y a la sombra de un laurel de Venus es su jugar.


  9. Romance de Montesinos: «Cata Francia, Montesinos, cata París la ciudad»


--Cata Francia, Montesinos,    cata París la ciudad,

cata las aguas de Duero,    do van a dar en la mar;

cata palacios del rey,    cata los de don Beltrán,

y aquella que ves más alta    y que está en mejor lugar

es la casa de Tomillas,    mi enemigo mortal.

Por su lengua difamada    me mandó el rey desterrar

y he pasado a causa de esto    mucha sed, calor y hambre,

trayendo los pies descalzos,    las uñas corriendo sangre.

A la triste madre tuya    por testigo puedo dar,

que te parió en una fuente    sin tener en qué te echar.

Yo triste quité mi sayo    para haber de cobijarte;

ella me dijo llorando    por te ver tan mal pasar:

--Tomes este niño, conde,    y lléveslo a cristianar;

llamédesle Montesinos    Montesinos le llamad.--

Montesinos que lo oyera    los ojos volvió a su padre;

las rodillas por el suelo    empezóle de rogar

le quisiese dar licencia,    que en París quiere pasar,

y tomar sueldo del rey    si se lo quisiere dar,

por vengarse de Tomillas,    su enemigo mortal;

que si sueldo del rey toma,    todo se puede vengar.

Ya que despedirse quieren    a su padre fue a rogar

que a la triste de su madre    él la quiera consolar

y de su parte le diga    que a Tomillas va buscar.


10. Romance de Abenámar: «Abenámar, Abenámar, moro de la morería»

—¡Abenámar, Abenámar, 
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!
Estaba la mar en calma, 
la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace 
no debe decir mentira.
Allí respondiera el moro, 
bien oiréis lo que diría:
—Yo te lo diré, señor, 
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro 
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho 
mi madre me lo decía
que mentira no dijese, 
que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey, 
que la verdad te diría.
—Yo te agradezco, Abenámar,
aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos? 
¡Altos son y relucían!
—El Alhambra era, señor, 
y la otra la mezquita,
los otros los Alixares, 
labrados a maravilla.
El moro que los labraba 
cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra, 
otras tantas se perdía.
El otro es Generalife, 
huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas, 
castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan, 
bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada,
contigo me casaría;
daréte en arras y dote 
a Córdoba y a Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan, 
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene 
muy grande bien me quería.



11. Romance del conde Arnaldos: «Quièn hubiese tal ventura sobre las
aguas del mar»

¡ Quién hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el infante Arnaldos
la mañana de San Juan !
Andando a buscar la caza
para su falcón cebar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas,
la ejarcia de oro torzal,
áncoras tiene de plata,
tablas de fino coral.
Marinero que la guía,
diciendo viene un cantar,
que la mar ponía en calma,
los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo,
arriba los hace andar;
las aves que van volando,
al mástil vienen posar.
Allí habló el infante Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
- Por tu vida, el marinero,
digasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
- Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va.

12. Romance del prisionero: «Por el mes era de mayo, cuando hace la calor»



Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos
encañan y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.



13. Romance de la gentil dama y el rústico pastor: «Estase la gentil
dama paseando en su vergel»



--Estáse la gentil dama    paseando en su vergel,

los pies tenía descalzos    que era maravilla ver;

desde lejos me llamara,    no le quise responder.

Respondíle con gran saña:    --¿Qué mandáis, gentil mujer?--

Con una voz amorosa    comenzó de responder:

--Ven acá el pastorcico,    si quieres tomar placer;

siesta es de mediodía,    que ya es hora de comer;

si querrás tomar posada    todo es a tu placer.

--Que no era tiempo, señora,    que me haya de detener;

que tengo mujer y hijos,    y casa de mantener,

y mi ganado en la sierra    que se me iba a perder,

y aquellos que me lo guardan    no tenían qué comer.

--Vete con Dios, pastorcillo,    no te sabes entender:

hermosuras de mi cuerpo    yo te las hiciera ver:

delgadica en la cintura,    blanca soy como el papel,

la color tengo mezclada    como rosa en el rosel,

el cuello tengo de garza,    los ojos de un esparver,

las teticas agudicas    que el brial quieren romper.

Pues lo que tengo encubierto    maravilla es de lo ver.

--Ni aunque más tengáis, señora,    no me puedo detener.--



14. Romance de Fonte Frida: «Fonte Frida, Fonte Frida, Fonte Frida y con amor»


Fontefrida, Fontefrida, 
Fontefrida y con amor,
do todas las avecicas 
van tomar consolación,
si no es la tortolica 
que está viuda y con dolor.
Por ahí fuera pasar 
el traidor del ruiseñor,
las palabras que él decía 
llenas son de traición;
—Si tu quisieses,señora, 
yo sería tu servidor.
—Vete de ahí, enemigo, 
malo, falso,engañador,
que ni poso en ramo verde, 
ni en prado que tenga flor,
que si hallo el agua clara, 
turbia la bebía yo;
que no quiero haber marido, 
porque hijos no haya, no,
no quiero placer con ellos, 
ni menos consolación.
Déjame, triste enemigo, 
malo, falso, mal traidor,
que no quiero ser tu amiga 
ni casar contigo, no.


15. Romance de Nerón y el incendio de Roma: «Mira Nero de Tarpeya a
Roma cómo se ardía»


  Mira Nero, de Tarpeya a Roma cómo se ardía:
gritos dan niños y viejos, y él de nada se dolía.

[ El grito de las matronas sobre los cielos subía;
como ovejas sin pastor, unas tras otras corrían
perdidas, descarriadas, llorando a lágrima viva.
Todas las gentes huyendo a las torres se acogían;
los siete montes romanos lloro y fuego los hundía.
En el grande Capitolio suena muy gran vocería;
por el collado Aventino gran gentío discurría,
y en Cabalo y en Rotundo la gente apenas cabía;
por el rico Coliseo gran número se subía.
Lloraban los dictadores, los cónsules a porfía,
daban voces los tribunos, los magistrados plañían,
los cuestores lamentaban, los senadores gemían;
llora la orden ecuestre, toda la caballería,
por la crueldad de Nerón que lo ve con alegría.
Siete días con sus noches la ciudad toda ardía:
por tierra yacen las casas, los templos de tallería,
los palacios más antiguos, de alabastro y sillería;
en ceniza van por tierra los lazos y pedrería;
las moradas de los dioses han triste postrimería:
el templo capitolino do Júpiter se servía,
el grande templo de Apolo y el que de Mars se decía,
sus tesoros y riquezas el fuego los derretía.
Por los carneros y osarios la gente se defendía.
De la torre de Mecenas lo miraba todo y vía
el ahijado de Claudio que a su padre parescía,
que a su Séneca dió muerte; el que matara a su tía;
el que antes de nueve meses que Tiberio se moría,
con prodigios y señales en este mundo nascía;
el que persiguió a cristianos, el padre de tiranía,
de ver abrasada a Roma gran deleite rescebía.
Vestido en cénico traje decantaba su poesía.
Todos le ruegan que amanse su crueldad y su porfía:
cuanto más todos le ruegan, él de nadie se dolía.





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2 comentarios

malete -

alguien puede dejar algun comentario echo sobre alguno de estos poemas? gracias

andreamasnou -

Muchas gracias!!!
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