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04/09/2006
Primer comentario de texto: Rafael Argullol: La lección en la montaña

Como veís, ya nos hemos puesto las pilas. Aquí tenéis el primer comentario de texto ¡Ánimo!
Lee atentamente y responde a las cuestiones que se te piden posteriormente:
La lección de la montaña, de Rafael Argullol ( filósofo)
Escuché en la radio que en los exámenes de Selectividad habían ofrecido a los estudiantes la posibilidad de comentar un texto sobre Rilke, y que esto constituía un acontecimiento, pero como, a continuación, me llamaron por teléfono no pude descifrar por qué se había convertido en acontecimiento algo que en principio debería ser normal. Incluso me parecía una buena noticia que Rainer Maria Rilke fuera objeto de comentario en un examen de literatura en estos tiempos tan poco sofisticados literariamente. Pero a los pocos días leí en un periódico la carta de un socio del R.C. D. Espanyol en la que se quejaba del sectarismo de unas pruebas en las que se hacía la exégesis del entrenador del F.C. Barcelona sin dar acogida a las reflexiones apasionadas de los seguidores de los clubes.
Entonces me apercibí de mis dos errores, uno de audición radiofónica y otro de apreciación espiritual. No era,por tanto, Rilke sino Rijkaard el tema literario que debían abordar los estudiantes. Si hubiera aguzado más el oído o no hubiera sonado el teléfono habría acertado a la primera. El segundo error era todavía más importante puesto que, insensible a las demandas de mi época, yo me había sorprendido de que Rilke fuera Rijkaard en lugar de sorprenderme por el sectarismo de priviligios a un club.
Para ser justos, en el próximo examen de literatura habría que repartir la cuotas de los comentarios sobre distintos entrenadores procurando que los diferentes equipos están equitativamente representados. Aunque la verdad, para ser más justos todavía, lo adecuado es que todo lo concerniente al fútbol fuera tomado como asunto religioso -como, de hecho, lo es a todos los efectos, y a escala universal- y, en consecuencia, cesara la controversia sobre qué asignaturas impartir, si ética o religión, pudiendo sintetizar lo espiritual y lo cívico en materia de fútbol.
Esta extraordinaria aportación del fútbol puede que haya hecho olvidar estos días otras aportaciones más minoritarias,pero igualmente representativas de nuestra época. Quizá ustedes, entre tantas noticias interesantes del Campeonato Mundial de Alemania -donde se juega el honor y el patriotismo de los pueblos-, no hayan reparado en una información que también tiene que ver con nuestro culto al deporte.
Sucedió hace unas semanas en el Everest: el alpinista británico David Sharp murió 300 a metros de la cima sin que, de acuerdo con la información, ninguno de los más de 30 escaladores que pasaron junto a su cuerpo agonizante tuvieran ganas o tiempo de ayudarle. Pensé irremediablemente en la vieja fotografía de Edmund Hillary y el sherpa Tenzing, exhaustos y sonrientes, tras haber llegado por primera vez a la cumbre en 1953.
¿ Qué habría ocurrido 50 años después en aquel mismo lugar ?. Varios alpinistas que habían coronado el Everest ofrecían sus interpretaciones. Para todos era inaceptable que la conquista de la montaña hubiera sido más importante que la vida de David Sharp. Pero más exactamente, ¿ qué habría ocurrido n estos últimos 300 metros para explicar la indiferencia con que fue tratado el agonizante?.Unos, sin justificar el hecho, hablan de la flaqueza de las fuerzas al final de un ascenso, y otros, por el contrario, de la euforia que esto comporta.
Sin embargo, la mayoría de estos expertos alpinistas aludía a un hecho inquietante y en cierto sentido aterrador: el Everest era un reflejo de nuestra sociedad. A continuación entraban en detalles de la progresiva degradación que rodeaba la conquista de la montaña desde la lejana andadura de Hillary y Tenzing: el mercantilismo, la competencia feroz, el deterioro ecológico, el exhibicionismo del récord, la feria de las vanidades. Nada, o muy poco, quedaba de aquel espíritu pionero inicial.
La contundencia de las respuestas me obligaba a una pregunta: ¿ todo esto en tan solo 50 años ?
Una vida para mi. Junto a la de Yuri Gagarin, con su viaje alrededor de la tierra, la de Hillary y Tenzing había sido la mayor epopeya de mi infancia. Tenía una idea de la cima del Everest que, imagino, compartía con muchos niños de la época: un lugar puro, un trozo de cielo casi inaccesible a no ser que se llegara él con esfuerzos y audacio como habían hecho sus primeros conquistadores. Ahora, a juzgar por lo que ha ocurrido con David Sharp, hemos domesticado el Everest hasta tranformarlo en un arrabal más de nuestra ciudad de la codicia y del espectáculo. En sólo 50 años.
Pero visto de nuestra cotidianidad, esta inversión de la imagen del Everest tampoco tiene nada de excepcional. Si hemos convertido la comida en fast-food, si creemos que la solidez espiritual reside en los manuales de autoayuda, si nos hemos convencido de que realmente viajamos a través de los viajes organizados, si tenemos convicciones tan arraigaidas sobre fundamentos tan volátiles, ¿por qué no deberíamos tener también un Everest prêt-à-porter? al fin y al cabo el libro épico de nuestros días es el Libro Guiness de los Récords, en el que se encuentran democráticamente igualadas las mayores ocurrencias y las mayores estupideces. Por ejemplo: por primera vez más de 30 escaladores pasaron, indiferentes, junto al cuerpo de un compañero que agonizaba 300 metros de la cima del viejo y pobre Everest
Me temo, no obstante, qu esta lección de la montaña haya pasado desapercibida ante el alud de estadísticas futbolísticas de estas semanas. Por cierto que el Libro Guinness debería acoger la cifra de espectadores que han proporcionado los entusiastas organizadores del Campeonato Mundial: treinta mil millones( imagino que alguno ha repetido partido porque de lo contrario nos faltan terrícolas). Una cifra cósmica de esas que producen en nuestros escolares la temida angustia de las matemáticas, pero que llenan de orgullo patriótico a las sociedades.
Y en efecto, ¿Para qué Rilke teniendo a mano al bueno de Rijkaard?
Cuestiones:
1. Información
1.1. Elabórese una breve información sobre : Rainer Maria Rilke; Rafael Argullol; Edmund Hillary y Yuri Gagarin
2. Comprensión
2.1. Elabórese una relación de los argumentos que esgrime Argullol en el artículo.
2.2. Justifíquese el título del artículo de acuerdo con su contenido.
3. Gramática y Vocabulario
Respóndase:
3.1. ¿ Qué uso del guión hace Argullol en el artículo ? ¿ Conoces otros usos ?
3.2. Búsquese en el texto una de las siguientes formas verbales:
pret. perfecto simple; presente de subjuntivo; pret. perfecto de subjuntivo; una forma de perífrasis verbal.
3.3. En la frase " ¿ todo esto en tan solo 50 años ?" ¿ Cuál es el sujeto ? ¿ Cuál sería el verbo ?
3.4. Dígase el significado de los siguientes vocablos: sofisticado, sectarismo, concerniente, mercantilismo, contundencia, codicia, arraigado.
3.4. ¿ Qué funciones del lenguaje observas en este texto ?
Fecha de entrega: Hasta el viernes 29 de septiembre, a gabriela.zayas@gmail.com
14/09/2006
Tema 1: El ensayo. Definición. Inicios: Michel de Montaigne

Como todos los géneros, el del ensayo es difícil de definir. Temáticamente, se puede referir a cualuier tema, aunque en nuestro curso hablaremos fundamentalmente del esnayo humanístico, pero también puede haber ensayos científicos o matemáticos.
La definición de ensayo sería la de "Escrito en prosa, de extensión breve, sobre temas de conocimiento expuestos con una perspectiva subjetiva y personal, y dirigido a un público no especializado. Su registro iría del coloquial al culto, pero nunca utilizaría un lenguaje técnico o pedante, o excesivamente preciso. Se trata de un tipo de texto en el que el autor desarrolla exposición y argumentación, y está cerca del periodismo de opinión o de fondo. Esto no quiere decir que el ensayo carezca de profundidad. Es un texto crítico, analítico... discursivo en el sentido de que acompaña al pensamiento. Rico en citas o en ejemplos, literario y divulgativo. Esencialmente democrático. Está emparentado, si nos remitimos al pasado, con las Epístolas clásicas (disquisiciones en forma de cartas o de pequeños tratados)".
Como ya os dije en clase, el primer ensayista moderno digno de tal nombre es Michel de Montaigne, que en sus ensayos escribe sobre temáticas muy diversas en lenguaje pulido sin ser pedante, elegante sin ser amanerado. Crítico o analítico, siempre mesurado, Montaigne es un escritor delicado al que es un placer leer.
El propio Montaigne define su creación ensayística de este modo, en el ensayo número 50 del libro primero, que tituló "De Democritus et Heraclitus":
"Es el juicio un instrumento necesario en el examen de toda clase de asuntos, por eso yo lo ejercito en toda ocasión en estos ensayos. Si se trata de una materia que no entiendo, con mayor razón me sirvo de él, sondeando el vado desde lejos; y luego, si lo encuentro demasiado profundo para mi estatura, me detengo en la orilla. El convencimiento de no poder ir más allá es un signo del valor del juicio, y de los de mayor consideración. A veces imagino dar cuerpo a un asunto baladí e insignificante, buscando en qué apoyarlo y consolidarlo; otras, mis reflexiones pasan a un asunto noble y discutido en el que nada nuevo puede hallarse, puesto que el camino está tan trillado que no hay más recurso que seguir la pista que otros recorrieron. En los primeros el juicio se encuentra como a sus anchas, escoge el camino que mejor se le antoja, y entre mil senderos decide que éste o aquél son los más convenientes. Elijo al azar el primer argumento. Todos para mí son igualmente buenos y nunca me propongo agotarlos, porque a ninguno contemplo por entero: no declaran otro tanto quienes nos prometen tratar todos los aspectos de las cosas. De cien miembros y rostros que tiene cada cosa, escojo uno, ya para acariciarlo, ya para desflorarlo y a veces para penetrar hasta el hueso. Reflexiono sobre las cosas, no con amplitud sino con toda la profundidad de que soy capaz, y las más de las veces me gusta examinarlas por su aspecto más inusitado. Me atrevería a tratar a fondo alguna materia si me conociera menos y me engañara sobre mi impotencia. Soltando aquí una frase, allá otra, como partes separadas del conjunto, desviadas, sin designio ni plan, no se espera de mí que lo haga bien ni que me concentre en mí mismo. Varío cuando me place y me entrego a la duda y a la incertidumbre, y a mi manera habitual que es la ignorancia".
Y en el prefacio, Montaigne escribe:
"Si mi objetivo hubiera sido buscar el favor del mundo, habría echado mano de adornos prestados; pero no, quiero sólo mostrarme en mi manera de ser sencilla, natural y ordinaria, sin estudio ni artificio, porque soy yo mismo a quien pinto. Mis defectos se reflejarán a lo vivo: mis imperfecciones y mi manera de ser ingenua, en tanto que la reverencia pública lo consienta. Si hubiera yo pertenecido a esas naciones que se dice que viven todavía bajo la dulce libertad de las primitivas leyes de la naturaleza, te aseguro que me hubiese pintado bien de mi grado de cuerpo entero y completamente desnudo. Así, lector, sabe que yo mismo soy el contenido de mi libro, lo cual no es razón para que emplees tu vagar en un asunto tan frívolo y tan baladí".
Os dejo un ensayo suyo para que podáis comprobar la belleza de su obra, que no ha pasado de moda, y que tanta importancia tuvo y tiene para la historia de la literatura.
Capítulo XXXII
De cómo algunos buscaron la muerte por huir los placeres de la vida
"La mayor parte de los antiguos filósofos convienen en que la muerte es preferible a la vida cuando de ésta se esperan más desdichas que bienandanzas; y afirman que poner ahínco en conservar la existencia para sufrir tormentos y trabajos es ir contra los preceptos mismos de la naturaleza.
Pero llevar el desdén de la muerte al extremo de buscarla para evitar honores, riquezas, grandezas y otros favores y bienes, que conocemos con el nombre de beneficios de la fortuna, como si la razón sola no bastara a persuadirnos de la conveniencia de abandonarlos sin necesidad de echar mano de aquel remedio supremo, no lo había visto ordenar ni practicar hasta que me cayó en las manos un pasaje de Séneca, en el cual el filósofo aconseja a Lucilio, personaje influyentísimo y de gran autoridad cerca del emperador que trueque la vida de voluptuosidad y pompa por el abandono del mundo, y se retire a la vida solitaria, apacible y filosófica. A la realización de tales consejos, Lucilio opone algunas dificultades: «Mi parecer es, le dice Séneca, que dejes esa manera de vivir o la vida misma; yo te aconsejo que sigas camino más apacible, y que mejor que romper, desates lo que tan mal has anudado; mas si no se pudiera desatar, rómpelo: no hay hombre tan cobarde que no prefiera caer de una vez a permanecer siempre tambaleándose.» Hubiera encontrado este consejo natural en la rudeza estoica, pero lo extraño es que está tomado de Epicuro, que escribe de un modo parecido a Idomeneo en una ocasión semejante. Algún rasgo análogo tengo idea de haber advertido entre nosotros, pero éste iba acompañado de la moderación cristiana.
San Hilario, obispo de Poitiers enemigo famoso de la herejía arriana, encontrándose en Siria tuvo noticia de que su hija única, que se llamaba Abra, a quien había dejado en las Galias en compañía de su madre, era solicitada para casarse por los importantes señores del país, como joven muy bien educada, hermosa, rica, y que se hallaba -además en la flor de su edad; su padre la escribió (prueba tenemos de ello) que desechara su afición a todas esas bienandanzas y placeres con que la brindaban, porque él había encontrado en su viaje un partido preferible, mucho más digno y grande: un marido de magnificencia y poderío bien distintos, el cual la obsequiaría con trajes y joyas de valor inestimable. Su designio no era otro que hacerla perder el gusto de los placeres mundanos para que ganara la gloria; pero antojándosele que para ello el camino más breve y seguro era la muerte de su hija, no cesó un momento de pedir a Dios que la quitara del mundo y la llamase a su seno, como aconteció en efecto, pues al poco tiempo de regresar al país murió Abra, con lo cual su padre recibió singular contento. Este caso sobrepasa los anteriores, porque la muerte es solicitada, por intercesión de Dios, y demás porque es un padre quien la pide para su hija única; mientras que los otros se encaminan por sí mismos a la desaparición para la cual emplean medios exclusivamente humanos. No quiero omitir el desenlace de esta historia, aunque sea extraña al asunto de que hablo. Enterada la mujer de san Hilario de que la muerte de su hija aconteció por designio y voluntad del padre, e informada además de que la joven sería mucho más dichosa que si hubiera permanecido en este mundo, tomó una afección tan viva a la beatitud eterna y celeste, que solicitó de su marido con extrema insistencia el que rogara a Dios por su fin próximo. Oyendo Dios las oraciones de los esposos, la llamó poco después a su seno, y fue una muerte aceptada con singular contentamiento de ambos cónyuges".
Aquí tenéis este video, donde podéis contemplar el castillo de Montaigne, la capilla donde reposan sus restos, la habitación donde dormía, la torre desde la que escribió su obra. Podéis casi palpar el silencio del lugar, la paz de la que se rodeó el escritor y que le inspiró sus Ensayos.
19/09/2006
Dos ensayistas franceses contemporáneos ( I ). Pascal Quignard

Pequeña biografía de Pascal Quignard:
Pascal Quignard (1948) es, sin ningún género de dudas, uno de los mejores escritores franceses de las últimas décadas. Ha sido profesor de la Universidad de Vincennes y de la Escuela Práctica de Estudios Superiores en Ciencias Sociales, fundador, junto a François Mitterrand, del Festival de la ópera y teatro barroco de Versalles y autor de una veintena de pequeños tratados donde la literatura se mezcla con la reflexión. También ha escrito novelas-ensayo, entre las que destacan "Todas las mañanas del mundo", "El salón de Wurtenberg" o la impresionante "Terraza en Roma". Ahora regresa a las librerías españolas con una obra más voluminosa de lo -para él- habitual, "Vida secreta", en la que Quignard reflexiona sobre el amor, la libertad que éste implica y cómo a través de los sentimientos que nos provoca podemos llegar a la rebelión social. Un amor que, como en los más exaltados sentimientos políticos, puede llegar a estar prohibido por la sociedad y puede obligarnos a rebelarnos contra todas esas normas impuestas que limitan nuestro corazón y su expresión, o nuestra ideología y su expresión. Es Premio Goncourt de las Letras Francesas y un serio candidato al Nobel.
El nombre en la punta de la lengua y el pequeño tratado sobre Medusa
El libro de Pascal Quignard que acabo de leer con el placer y la inquietud de siempre, ya había sido editado hace doce años por la Editorial Debate y consta de dos partes. La primera es un cuento, un cuento en el que la palabra que se necesita se escapa una y otra vez, y su falta (la falla, como dice Quignard) amenaza la vida entera y la felicidad de sus protagonistas.
La palabra que escapa, la palabra que se tiene en la punta de la lengua, pero que huye, y con ella se lo lleva todo. Como a Fausto llevado por una nube, la palabra llevada por el olvido, amenaza. Es un cuento que me recuerda tanto a Goethe, como a ciertos pasajes de la Eneida o las pinturas negras de Goya.
La segunda parte es un breve ensayo fragmentado, muy quignardiano, llamado El pequeño tratado sobre Medusa, sobre el origen del silencio y sobre la espera de la palabra que falta. Esta espera se llena de palabras: se escribe para convocar esta falla, esta ausencia, este vacío que nos puebla. Quignard no puede ser resumido, porque sus reflexiones nos llevan precisamente al punto en que el lenguaje es el que traiciona. Las palabras son buscadas infinitamente porque no pueden decir lo verdadero, lo inicial, lo que nos funda en esta vida y que comparece ante nosotros en forma de enigma, de misterio irresoluble. Eso que nos falta es siempre ausencia, nostalgia de lo que nunca podremos recobrar, de lo imposible que late dentro y fuera de nosotros y que no se deja asir jamás:
"Yo era aquel niño a quien apasionó el silencio. Era aquel niño que apostaba la totalidad de su vida en el esfuerzo de mi madre por recuperar un nombre del que tenía memoria mientras estaba privada de él. Me identificaba por completo con el movimiento de pensar de mi madre recorriendo con desamparo los canales y los caminos donde una palabra se había despistado. Más tarde me identifiqué con el padre de mi madre. AL hacerlo, lo único que hacía era justificar una identificación programada por mi madre antes de mi llegada al mundo, ya que los dos nombrecitos asociados a mi nombre propio eran sus nombres: Charles, Edmont. De niño me pareció que había que adquirir la sabiduría filológica, gramatical y romana de mi abuelo para llegar a ser el poeta que mi bisabuelo habría querido ser. Ambos habían enseñado en la Sorbona. Ambos habían coleccionado libros. Así es como habré absurdamente intentado desandar el tiempo. Eso es lo que me ha llevado hasta las orillas de Roma, lo que me ha llevado hasta las ruinas de Ur, llevado, en fin, hasta las más antiguas grutas de paredes silenciosas y cubiertas de inscripciones. Nuestras vidas son súbditas de extrañas tiranías que son errores. Es curioso observar que libros que he escrito han conocido el éxito desenterrando viejos fantasmas muertos desconocidos que llevaban consigo más porvenir que los vivos. Los libros son esas sombras de los campos. Yo era aquel niño precipitado en la forma de ese intercambio silencioso con el lenguaje que falta. Fui ese acecho silencioso. Me convertí en ese silencio, en este niño “retenido”, castigado sin salir, en la palabra ausente en forma de silencio. Esta depresión de niño tuvo lugar después de que nos mudásemos a L’Havre, porque me separaba de una muchacha alemana que me cuidaba mientras mi madre estaba en la cama y enferma, a la que yo llamaba Mutti. Me convertí en mútico. Llegué a sepultarme en ese nombre, más querido aún que el de mi madre, y que por desgracia era una conminación. . Aquel no era un nombre en la punta de mi lengua, sino en la punta de mi cuerpo, y el silencio de mi cuerpo era lo único capaz de hacer presente, en acto, su calor. No escribo por deseo, por costumbre, por voluntad, por oficio. He escrito para sobrevivir. He escrito porque es la única manera de hablar callándose. Hablar mútico, hablar mudo, acechar la palabra que falta, leer, escribir, es lo mismo. Porque el desposeimiento fue el abra. Porque era la única manera de permanecer al abrigo en ese nombre sin exiliarme por completo del lenguaje como los locos, como las piedras, que son desgraciadas como ellas solas, como las bestias, como los muertos.
Me vi de nuevo obligado a callarme cuando tuve la edad de dieciséis años. Me callo el porqué. Este cuento que titulo El nombre en la punta de la lengua es mi secreto."
Pascal Quignard, El nombre en la punta de la lengua, Libros del Último Hombre, Arena Libros, Madrid, 2006, Traducción de Antonia Barreda.
La casa

Me gustan los libros que me hacen pensar. Me gustan incluso los libros que me hacen pensar y con los que no estoy de acuerdo. Algo, en el fondo de los libros de Pascal Quignard entra en contacto conmigo. Algo que está oculto, quizá la perversión que está en el origen del lenguaje, quizá la conciencia de que el lenguaje es impuro. La convicción de que en él descansa el secreto del árbol del Bien y del Mal, como en el cuadro de Durero.
***
"La sonata de la casa antigua, ignorando las generaciones minúsculas, tiene una lentitud que rebasa la memoria de sus habitantes sucesivos. El piso gime. Las persianas golpetean. A cada escalera corresponde una llave. La puerta del armario cruje y el resorte de los viejos divanes de cuero contesta. Desecadas por el verano, las maderas de la casa ensamblan un instrumento de música a la vez regular y desordenado, que interpreta una obra de perdición, afligida por un deterioro tanto más amenazador cuanto que es efectivo, incluso si su lentitud no la torna jamás íntegramente perceptible para los oídos de sus habitantes humanos.
La casa antigua canta un melos que, sin ser divino, rebasa la escala de quienes allí fueron educados o de quienes allí murieron y conocimos, que sólo agregaron sus cantos al amanecer o al ocaso. Es una melopea lenta que habla a la familia, comprendida como una masa de varias generaciones, en acto, sin que ninguno de sus elementos globales o moléculas privadas y provisorias la capte verdaderamente, y que llora sin fin su propia ruina, que ella misma anuncia."
Pascal Quignard, El odio a la música Diez pequeños tratados (La Haine de la Musique), Trad. y notas de Pierre Jacomet, Editorial Andrés Bello, Capellades, 1998.
20/09/2006
Hombre, de Ángel fieramente humano: Blas de Otero
HOMBRE
Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.
Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.
Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.
Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser -y no ser- eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!
Debes:
- Incluir una breve bio-bibliografía de Blas de Otero
- Leer el poema y determinar el subgénero.
- Vocabulario.
- Métrica y estructura (partes) del poema.
- Figuras retóricas.
- Opinión personal razonada relacionada con el análisis ya hecho.
21/09/2006
Controles: De Lectura: Larra
El miércoles 25 de octubre tendremos el primer control de lectura, que consistirá en 10 preguntas. Los artículos de Mariano José de Larra que deberéis leer son:
1. Empeños y desempeños.
2. El casarse pronto y mal.
3. El castellano viejo.
4. Vuelva usted mañana.
5. En este país.
Aquí encontraréis algunos artículos de Larra en la red.
29/09/2006
Un recuerdo de mi Instituto
Hace tiempo que quería mostraros mi "Instituto". En México, la educación de Bachillerato está separada de las de Primaria y Secundaria y los "Instituto" reciben el nombre de "Escuelas Preparatorias" (preparatorias para la Universidad). El Bachillerato consta de tres años de estudio. Hay 9 especialidades, y yo cursé la de Ciencias Químicas y Biológicas (sí, yo quería ser científica y me encantaba la Química Orgánica). El ingreso a la Universidad es automático si has aprobado tus estudios en cualquiera de las Preparatorias de la UNAM. Si estudias en un colegio privado sí debes hacer un examen de admisión a las universidades públicas (en México D. F. hay siete universidades públicas).
Mi Prepa es la Prepa 6 de Coyoacán. Lugar donde vivieron Frida Y Diego Rivera, OctavioPaz, León Trotsky: barrio hermoso y colonial. Mis recuerdos de la Prepa son muy felices. Hay 16 grupos de cada curso y cada nivel tiene su patio. Además, están la piscina, el gimnasio, el campo de futbol, la cafetería, la biblioteca...
La Prepa 6 fue fundada en 1964. Yo estoy orgullosa de haber estudiado en ella.
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¿Es posible enseñar a escribir?

Hoy encontré este artículo aparecido el El Cultural, del que os dejo un fragmento ¿qué opináis?
Con el comienzo de la temporada literaria, editoriales y escuelas de letras multiplican sus señuelos para atrapar a los interesados en escribir mejor. Pero ¿sirven para algo manuales y cursos? ¿La escuela no es suficiente? ¿Es tan penosa la situación del español? El académico José Antonio Pascual, responsable del Diccionario Histórico de la RAE, que lanza en otoño su Diccionario Esencial; José Antonio Millán, que acaba de publicar El candidato melancólico (RBA) sobre el origen de las palabras; Juan Pedro Aparicio, director del Instituto Cervantes de Londres (en octubre el Cervantes lanza su Saber escribir), Alejandro Gándara, creador de la Escuela de Letras y colaborador de la Escuela Contemporánea de Humanidades, escritor y bloguero y Andrés Barba, profesor de la ECH y autor, toman la palabra.
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Para empezar, los invitados a estas páginas niegan la mayor: no es cierto que hoy se hable y escriba en España peor que nunca, lo que haría necesarios, casi imprescindibles, cursos, diccionarios y libros para aprender a escribir. Así, para el novelista Andrés Barba la situación no sólo “no es mala, sino que no hay motivos para el pesimismo, quizá sólo es poco atrevida, pero está en un momento editorial magnífico”. Claro que él habla como creador. Los filólogos matizan bastante más. Por ejemplo, José Antonio Millán admite no conocer estudios amplios sobre el tema, pero no tiene tan claro que la situación sea penosa ni con qué se compara, si con la España de hace 50 años o con la Francia actual. De hecho, y como apunta Juan Pedro Aparicio, director del Cervantes de Londres, “la evolución del lenguaje debido a los medios de comunicación de última hora, móviles y todo eso, es similar a la de los países de nuestro entorno. Seguimos, sin embargo, en peores condiciones por lo que se refiere a nuestro sistema educativo que siempre ha valorado poco o ha atendido con desmaña la enseñanza de la expresión oral o escrita”. Y es que, para Aparicio, la clave de todos los problemas radica en la educación: “Creo que hay un deficit en ese tipo de enseñanza, al que no dedicamos el tiempo suficiente. Y acaso debiera empezarse por la comunicación oral, acostumbrando al niño a expresarse con propiedad. De ahí es fácil pasar a la escritura. La universidad, al menos entre nosotros, no está pensada para enseñar a expresarse, se supone que quien llega a ella ya sabe hacerlo suficientemente.” En eso coincide con Millán, porque, a juicio de éste, “la raíz de todo está en la escuela: ahí es donde se forjan los hábitos (y la ortografía tiene mucho de hábito) y las habilidades (el dominio de los recursos de la lengua). La universidad coge a los estudiantes ya formados, pero no debería permitir licenciarse a personas que escriben con faltas de ortografía...”
30/09/2006
Blas de Otero, Lo eterno

Lo eterno
Un mundo como un árbol desgajado.
Una generación desarraigada.
Unos hombres sin más destino que
apuntalar las ruinas.
Rompe el mar
en el mar, como un himen inmenso,
mecen los árboles el silencio verde,
las estrellas crepitan, yo las oigo.
Sólo el hombre está sólo. Es que se sabe
vivo y mortal. Es que se siente huir
- ese río del tiempo hacia la muerte -.
Es que quiere quedar. Seguir siguiendo,
subir, a contra muerte, hasta lo eterno.
Le da miedo mirar. Cierra los ojos
para dormir el sueño de los vivos.
Pero la muerte, desde dentro, ve.
Pero la muerte, desde dentro, vela.
Pero la muerte, desde dentro, mata.
...El mar -la mar-, como un himen inmenso,
los árboles moviendo el verde aire,
la nieve en llamas de luz en vilo...
1. Vocabulario (ver el Diccionario de la RAE en los enlaces)
2. Tema. Métrica y Estructura del poema.
3. Figuras retóricas.
4. Opinión personal razonada y relacionada con el análisis que se ha hecho anteriormente.



















